De la frustración a la dirección general: la singular trayectoria de Fernando Lascurain
En la cajuela de su vehículo, Fernando Lascurain Farell transporta de manera permanente equipo médico de emergencia. Si durante sus trayectos cotidianos o en carretera presencia un accidente vial, detiene su marcha de inmediato, abandera la zona, asiste a los afectados y permanece en el lugar hasta la llegada de los servicios de ambulancia. Fuera de esa faceta altruista, su entorno profesional se centra en la industria automotriz, ya que desde noviembre de 2021 ejerce como director general de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA), entidad que agrupa a las agencias comercializadoras de vehículos en territorio nacional.
Un tropiezo temprano que redefinió su rumbo académico
La biografía de Lascurain está marcada por dos episodios cruciales. El primero de ellos se originó en su juventud, cuando albergaba el firme propósito de formarse como abogado en la Escuela Libre de Derecho. Su legado familiar estaba profundamente vinculado a esa disciplina: por parte paterna es descendiente de Pedro Lascurain, quien ocupó la Presidencia de la República por breves minutos en febrero de 1913 y logró el amparo que otorgó autonomía a dicha institución educativa, mientras que por la línea materna es sobrino nieto de Arsenio Farell, a quien califica como un fiscal sumamente riguroso.
No obstante, su etapa formativa estuvo lejos de ser convencional. Se autodefine como un alumno rebelde y con escasa tolerancia hacia la disciplina tradicional. Aunque mostraba gran interés por la lectura y la actualidad, carecía de hábitos de estudio sólidos. Al concluir el bachillerato, su promedio académico no cumplía con los requisitos de admisión, aunque logró ingresar a la Libre con ciertos respaldos. Con el tiempo, comprendió la magnitud del reto: “No alcancé los estándares. Yo no estaba listo para la exigencia y el compromiso que ameritaba la Libre, porque yo había perdido el yo”.
Ante la imposibilidad de sostener el ritmo, optó por abandonar la institución y comenzar desde cero en otra universidad con costos accesibles. Aquella transición desencadenó tensiones familiares y requirió años de terapia psicológica, pero jamás consideró cambiar de área profesional. Años más tarde, al coincidir en el ámbito laboral con antiguos compañeros de aquella época, reflexiona sobre el valor de la experiencia: “Profesionalmente, estoy al tú por tú con ellos. De verdad se aprende mucho más del fracaso que del éxito”.
Consolidación profesional en el sector legal y automotriz
Su tránsito académico continuó en la Universidad Pontificia de México, donde solicitaba exámenes orales y combinaba sus estudios con el trabajo como pasante. Al egresar, su directora de tesis lo invitó a colaborar como adjunto, labor que desempeñó tanto en esa casa de estudios como en la UNAM, complementando su formación con una maestría en Derecho Civil en La Salle.
Durante su pasantía en el despacho Farell y Sainz Abogados, afrontó la severa crisis financiera de 1995, periodo en el que la firma intervino en la gestión de instituciones bancarias. Posteriormente, su afinidad por el remo —disciplina que le aportó rigor y constancia— lo llevó a desempeñarse como gerente y secretario general de la Federación Mexicana de Remo.
Su vinculación con la AMDA comenzó en el área de vehículos pesados, ascendiendo de manera paulatina hasta asumir la dirección general a finales de 2021, en el marco de una reestructuración directiva.
En paralelo, la promulgación de la Ley Antilavado en 2012 orientó su especialización. Cursó posgrados en el Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe), donde se tituló con mención honorífica, y en 2021 obtuvo el doctorado en Derecho por la Universidad Panamericana con una investigación centrada en la comercialización de vehículos nuevos bajo dicha normativa. Asimismo, ha publicado obras especializadas sobre la prevención de operaciones con recursos de procedencia ilícita en el sector automotriz.
El episodio que transformó su vocación en el servicio de emergencia
El segundo suceso determinante en su vida ocurrió mientras practicaba remo. Tras escuchar un impacto, constató que su entrenador había sufrido un infarto y un traumatismo craneoencefálico que le costaron la vida, sin contar con los conocimientos necesarios para auxiliarlo en ese momento. Aquel trágico evento lo llevó a tomar una firme determinación: “Y me prometí a mí mismo que esto no volvería a pasar”.
Se inscribió en una escuela de paramédicos voluntarios con instrucción militar, cursando un exigente programa de dos años que incluía campamentos de evaluación extrema sin descanso. Para obtener su acreditación, completó sesenta servicios en ambulancia, una vivencia que marcó profundamente su perspectiva humana frente a las deficiencias del sistema de salud pública.
Aunque en la actualidad sus responsabilidades profesionales le impiden participar activamente en agrupaciones de voluntarios como Suuma Voluntarios, se mantiene en constante capacitación. Su único anhelo, según comparte, es que ante cualquier eventualidad que afecte a sus seres queridos, alguien en el camino decida detenerse a brindar ayuda, tal como él lo hace cotidianamente.


