Avanzan negociaciones entre México y Estados Unidos para recortar aranceles a vehículos y metales en el marco del tratado
Las autoridades mexicanas muestran un optimismo creciente respecto a la posibilidad de concretar un convenio comercial con la administración estadounidense. Las conversaciones en curso dentro del marco del tratado trilateral buscan destrabar tensiones comerciales y conseguir una disminución en las cargas fiscales que actualmente afectan a sectores estratégicos de exportación, entre los que destacan el acero, el aluminio y los vehículos ligeros.
De acuerdo con información proporcionada por funcionarios federales involucrados directamente en las mesas de diálogo, ambas naciones discuten los términos específicos para modificar la estructura impositiva. El objetivo central de estas gestiones es recortar del 25 por ciento al 15 por ciento la cuota impositiva que el mercado estadounidense aplica a los automóviles procedentes de territorio mexicano.
Detalles técnicos y el pulso por mejores condiciones
Dado que la tasa impositiva general se aplica únicamente sobre aquellos componentes que no provienen de la región norteamericana, el gravamen verdaderamente efectivo para la industria automotriz se ubicaría en un rango de entre el 10 por ciento y el 12 por ciento. No obstante, la delegación mexicana mantiene una postura firme para conseguir prerrogativas superiores a las concedidas previamente a Canadá.
En el caso del país del norte, Washington fijó una tarifa nominal del 15 por ciento, la cual podría descender hasta aproximadamente el 7 por ciento al aplicarse el descuento máximo estipulado por contenido regional. Los equipos negociadores también confían en lograr un entendimiento para aliviar los recargos aplicados al acero y al aluminio, los cuales se encuentran actualmente en el 50 por ciento, aunque todavía no se han definido los porcentajes exactos de la rebaja.
Una flexibilización en esta materia representa un alivio fundamental para la robusta industria automotriz nacional, un sector que genera aproximadamente 800 mil empleos directos. Cabe recordar que la gran mayoría de los automotores ensamblados en el país tienen como destino final el mercado estadounidense, convirtiendo a México en el principal proveedor de autopartes para su vecino del norte. Una presión similar enfrentan las empresas metalúrgicas locales, cuya viabilidad depende en gran medida del flujo comercial hacia ese destino.
Expectativas ante un posible pacto interino
Diversos especialistas en comercio internacional coinciden en que la supresión o disminución de estos gravámenes constituye la prioridad más urgente para la representación mexicana en su intento por pactar un acuerdo interino con Washington.
Analistas del sector, como investigadores de centros estratégicos y de estudios geopolíticos, han advertido que cualquier modificación a los gravámenes amparados bajo las normativas vigentes vendrá acompañada de contraprestaciones exigidas por la Casa Blanca. Los expertos señalaron textualmente que “es difícil imaginar que la Casa Blanca reduzca los aranceles existentes de las Secciones 232 y 301 sin pedir algo a México a cambio”.
Bajo esta perspectiva, los analistas recalcan que la estrategia mexicana no solo apunta a desahogar los costos de sus mercancías tradicionales, sino también a blindar su economía frente a futuras políticas proteccionistas unilaterales impulsadas desde el norte.
Las demandas que plantearía Estados Unidos podrían abarcar desde modificaciones administrativas de carácter técnico hasta transformaciones profundas en la política comercial mexicana. Esto incluiría un endurecimiento en los controles sobre las exportaciones, regulaciones más estrictas contra el tránsito ilegal de mercancías extranjeras, mayores estándares en la seguridad de las cadenas de valor y normativas específicas orientadas a frenar la triangulación de productos provenientes de economías que no cuentan con reconocimiento de mercado, con especial atención puesta en China.


