El uso de guías futuras y la rigidez monetaria
Las llamadas guías futuras de política monetaria funcionan con frecuencia como un compromiso institucional que limita la capacidad de reacción ante la llegada de nuevos datos económicos, restando flexibilidad a la toma de decisiones. A pesar de estos inconvenientes, el Banco de México (Banxico) ha recurrido de forma constante a este instrumento durante su actual ciclo de flexibilización, condicionando los pasos siguientes de la economía nacional.
Siguiendo esta dinámica, durante la reunión de política monetaria llevada a cabo en septiembre, la Junta de Gobierno de la institución financiera dejó entrever una inminente disminución en el objetivo de su tasa de interés de referencia. Este virtual relajamiento se estructuró a partir de dos elementos fundamentales dentro de la comunicación oficial del banco central.
Los factores detrás del inminente recorte de tasas
El primer componente se manifestó en la guía futura plasmada en el comunicado oficial, donde se sustituyó la fórmula tradicional que condicionaba las acciones a mantener la tasa estática, por una redacción que subordina las decisiones a la continuación del proceso desinflacionario. Adicionalmente, el organismo añadió que la política monetaria nacional no tiene por qué reaccionar de manera mecánica frente a los movimientos previstos por el Banco de Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos.
El segundo aspecto se centró en la apertura para valorar una baja en el costo del dinero, postura expresada por el bloque mayoritario dentro de la Junta de Gobierno. Al coincidir históricamente en sus votaciones, las posturas de estos tres integrantes suelen dictar el rumbo de la política monetaria, por lo que sus señales se interpretan como un anticipo inequívoco de las próximas medidas sobre las tasas de interés.
Desviaciones prolongadas frente a la meta inflacionaria
Esta clase de directrices pone en evidencia la escasa relevancia práctica que ha tenido el objetivo inflacionario del 3.0 por ciento en el diseño de las estrategias internas. Hacia septiembre de 2026, el indicador general se mantuvo por encima de la meta oficial durante 76 meses consecutivos, registrando un promedio histórico del 5.2 por ciento en dicho lapso, sin que el banco central manifestara inquietud por las repercusiones de este fenómeno en el poder adquisitivo de los hogares con menores ingresos.
Tampoco se ha observado prisa institucional por converger hacia el objetivo óptimo. Las previsiones inflacionarias se han traducido en ejercicios automáticos que han derivado en cuatro postergaciones consecutivas para alcanzar la meta, recorriendo la fecha prevista desde el segundo trimestre de 2025 hasta los últimos meses de 2027.
Asimismo, la intención de reducir el costo de los financiamientos contrasta con el comportamiento de la economía real. Durante la primera quincena de octubre, la inflación subyacente, que mide la tendencia a mediano plazo al excluir los bienes más volátiles, se situó en el 3.8 por ciento, una cifra prácticamente idéntica a la observada dos años atrás en el mismo periodo.
Premoniciones optimistas y retos fiscales latentes
Pareciera que el colegiado directivo considera cumplida su misión debido a que, desde mayo de 2026, el índice general se ha movido dentro del intervalo de variabilidad establecido en torno a la meta. Sin embargo, esta aparente estabilidad se fundamenta principalmente en la desaceleración temporal de los precios más volátiles y en el control gubernamental de las tarifas energéticas frente a la volatilidad internacional, una medida que podría volverse insostenible para las finanzas públicas.
La ausencia de una postura verdaderamente restrictiva se refleja en que, desde hace un año, la orientación monetaria se ubica en un terreno neutral, lo que significa que la autoridad financiera ha dejado de presionar activamente a la baja la trayectoria de los precios. Tomando en cuenta que el propio banco estima que sus decisiones tardan entre doce y dieciocho meses en permear en la economía, el impacto de las restricciones previas se encuentra prácticamente agotado.
Ante este panorama, expertos y observadores financieros señalan que la institución mexicana debería replantear su estrategia actual y demostrar con hechos la ruta crítica para asegurar el retorno de la inflación al objetivo central, priorizando los resultados tangibles por encima de las justificaciones discursivas.


