Alertan sobre un fuerte encarecimiento global de cereales, aceites y fertilizantes para los próximos años

El panorama económico internacional atraviesa un momento de tensiones persistentes en el mercado de materias primas. De acuerdo con las proyecciones difundidas por el Banco Mundial, se espera un encarecimiento generalizado en rubros clave como los cereales, los aceites vegetales y los insumos de nutrición de cultivos durante 2026, impulsado por factores geopolíticos, logísticos y climáticos.

El impacto de los biocombustibles en el mercado de la soja

Dentro del segmento de las oleaginosas, el aceite de soja experimentará un salto sustancial, proyectándose hasta los US$1.585 por tonelada en 2026, en contraste con los US$1.140 registrados en el periodo anterior. Las estimaciones del organismo internacional apuntan a que esta cotización ascenderá a US$1.765 en 2027, para luego iniciar una moderación hacia los US$1.601 en 2028 a medida que la presión sobre la plaza comercial comience a ceder.

Este fenómeno encuentra uno de cuyos motores principales en la creciente demanda destinada a la generación de energías renovables. En naciones como Estados Unidos, el volumen de aceite de soja absorbido por la industria de biocombustibles superará por primera vez la mitad del consumo interno total. Por su parte, la soja en grano registrará un incremento del 18% en su valor durante el presente año, situándose en US$489 por tonelada, y sumará un 5% adicional en 2027.

A pesar de que la producción global se encamina a marcar un sexto récord consecutivo, el Banco Mundial advierte que «el consumo crecerá aún más rápido». A esta dinámica se suma el aceite de palma, cuya cotización trepará hasta los US$1.146 por tonelada este año y escalará a US$1.256 el próximo, condicionado por los volúmenes de exportación y las contingencias climáticas.

Cae la producción de trigo y se tensiona el mercado de cereales

El mercado de los granos básicos muestra uno de los escenarios más complejos. El trigo encabeza las subas entre los cereales, con un encarecimiento promedio estimado del 28% en 2026, lo que ubicará su valor en US$311 por tonelada, seguido por un nuevo incremento del 14% en 2027 que lo llevará a US$353.

Esta tendencia alcista responde a una contracción prevista del 3% en la cosecha mundial de trigo para la campaña 2026-2027, golpeada por mermas en importantes regiones productoras y por las trabas logísticas derivadas del conflicto en el mar Negro. En el caso específico de Estados Unidos, los volúmenes recolectados experimentarán un desplome del 23%, alcanzando su registro más bajo en 55 años debido a que el informe atribuye esa contracción a «la sequía, el calor extremo y la continua disminución a largo plazo de la superficie sembrada».

Asimismo, los suministros globales de cereales disminuirán en 2026-2027 por primera vez en cuatro años. El maíz, por su parte, aumentará cerca de un 10% en 2026 para cotizar a US$223 por tonelada, mientras que el arroz y la cebada también reflejarán ajustes al alza en función de las precipitaciones y la estabilidad de las cadenas de suministro.

Fluctuaciones y costos en el sector de fertilizantes

El suministro de nutrientes agrícolas completa el cuadro de vulnerabilidad para la producción primaria global. Tras una fuerte volatilidad trimestral marcada por restricciones logísticas iniciales en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz y la posterior intervención de las exportaciones chinas, los fertilizantes acumulan un incremento anual proyectado del 14% para 2026.

La urea promediará los US$510 por tonelada a lo largo de este año, superando los US$423 previos, aunque se prevé un alivio hacia 2027 y 2028 si se normalizan los flujos desde Medio Oriente y se reducen las tarifas del gas natural. Paralelamente, el fosfato diamónico (DAP) operará en torno a los US$735 por tonelada en 2026, presionado por mayores costos en la obtención de materias primas como el amoníaco y el azufre.

En conclusión, el organismo multilateral señala que las perspectivas generales para la agroindustria continúan expuestas a vulnerabilidades climáticas severas, como la posible intensificación del fenómeno de El Niño, y a factores geopolíticos. Al respecto, el Banco Mundial advierte que «los riesgos siguen inclinados al alza», dejando la estabilidad de los precios supeditada a la evolución del mercado energético y a la fluidez del comercio internacional.

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