Criterios esenciales para elegir el lácteo ideal en la tienda
La oferta de productos lácteos en los anaqueles comerciales es sumamente amplia, abarcando desde opciones tradicionales y variedades griegas hasta fórmulas con cultivos vivos, alternativas sin endulzantes añadidos y múltiples perfiles de sabor. Aunque de entrada parezcan alternativas equivalentes, su valor y perfil biológico cambian de manera notable según los componentes y los métodos de fabricación aplicados.
Este alimento destaca por su aporte significativo de proteínas y calcio, elementos indispensables para el óptimo cuidado de los huesos y el tejido muscular. Su elaboración parte de la conversión de la leche mediante la intervención de bacterias lácticas, un procedimiento que optimiza considerablemente la asimilación de la lactosa. No obstante, las proporciones de nutrientes varían de un producto a otro, sobre todo en lo referente a grasas, azúcares y compuestos nitrogenados.
En entrevista para El Financiero, María Fernanda Bores, nutrióloga de Danone, enfatizó que la selección de este alimento debe basarse estrictamente en los requerimientos orgánicos y el estilo de vida de cada consumidor.
“El tema del nutrimental sí depende mucho de cada persona, el elegir el yogur que más se adapte, sobre todo, a su gusto y a su necesidad”, señaló.
Lectura correcta de etiquetas y control de ingredientes
La especialista detalló que aquellos consumidores con restricciones en su dieta, como quienes buscan disminuir su ingesta de compuestos azucarados, pueden decantarse por variantes simples. Por el contrario, los individuos que requieran un mayor aporte proteico tienen a su disposición alternativas como el yogur griego.
“Hay personas, por ejemplo, que viven con diabetes y que no pueden consumir azúcares añadidos o que buscan productos sin azúcar. Entonces, ellos en específico tendrían que buscar un yogur que no aporte este azúcar añadido o que sea un yogur 100 por ciento natural”, explicó Bores.
Antes de concretar la compra, resulta sumamente útil analizar los siguientes indicadores en el empaque:
- Proteínas: verificar cuántos gramos aporta cada porción.
- Azúcares: distinguir entre los naturales de la leche y los añadidos.
- Grasas: consultar el contenido de grasas totales y saturadas.
- Fermentos y probióticos: identificar los microorganismos que contiene.
- Sellos de advertencia: comprobar si presenta exceso de azúcares, calorías o grasas saturadas.
- Porciones: revisar a qué cantidad corresponden los valores nutricionales.
Bores puntualizó que los sellos de advertencia facilitan la tarea de cotejar mercancías, en especial para aquellos compradores que no dominan la lectura de las tablas nutricionales.
“Si no sé leer etiquetas, tal vez me puedo guiar a través de estos sellos y decir, bueno, este sí tiene azúcares, tiene tal vez un poco más, versus este que dice que no tiene sellos, o versus este que no tiene azúcar añadida”, comentó.
Ventajas del yogur griego frente al formato convencional
La variante griega se caracteriza por una textura densa y untuosa, acompañada de un volumen de proteínas que por lo regular supera al de las presentaciones regulares.
María Fernanda Bores indicó que estos nutrientes apoyan de forma directa el desarrollo y mantenimiento muscular, además de propiciar una mayor sensación de llenura, lo que se traduce en un mejor manejo de la saciedad a lo largo de la jornada.
“También te puede ayudar de alguna manera con el control de peso porque si tú te encuentras saciado, pues de alguna manera estás picando menos”, detalló.
Asimismo, este tipo de lácteo funciona como un sustituto excelente de la crema o la mayonesa en diversas preparaciones culinarias. Sin embargo, se aconseja verificar su etiqueta, ya que la concentración de macronutrientes puede diferir según la marca.
El papel de los azúcares añadidos en la dieta
Las preparaciones comerciales pueden incorporar edulcorantes calóricos sin que esto implique la pérdida total de su contenido de proteínas y calcio. Aun así, la presencia de estos elementos modifica el balance general y debe considerarse de manera individual.
Bores aclaró que la tolerancia a estos ingredientes depende del estado físico de cada individuo, particularmente cuando existen condiciones clínicas que demandan un monitoreo estricto.
“Habrá gente a la que tal vez el que tenga 5 gramos de azúcar añadido, que es lo equivalente a una cucharadita, puede ser mucho. ¿Por qué? Porque tal vez es una persona sedentaria, es una persona con sobrepeso, es una persona con alguna patología”, explicó.
Desde la perspectiva de la nutrióloga, los productos endulzados tienen cabida dentro de un esquema alimenticio equilibrado, siempre y cuando se ajusten al gasto energético del consumidor.
“Soy de la idea de no satanizar nutrimentos porque al final el azúcar es un nutrimento, es más bien fijarnos en qué necesito yo, qué necesito incluir en mi alimentación, de acuerdo a mi estilo de vida”, sostuvo.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja limitar los azúcares libres por debajo del 10 por ciento de la energía total consumida al día, sugiriendo un descenso menor al 5 por ciento para obtener ventajas adicionales.
Función de los fermentos y pautas de consumo diario
Los fermentos lácticos corresponden a microorganismos específicos que transforman la lactosa en ácido láctico, definiendo la textura y acidez característicos del producto.
La experta aclaró que estos agentes no equivalen exactamente a los probióticos, ya que estos últimos exigen investigaciones científicas que avalen sus efectos positivos en el organismo y deben mantenerse bajo condiciones térmicas idóneas.
Gracias a la acción de dichos cultivos, las personas con una ligera maldigestión a la lactosa suelen procesar este alimento con mayor facilidad en comparación con la leche convencional.
“El yogur lo que hace, gracias a estos fermentos, es disminuir la cantidad de lactosa y ser mucho mejor tolerado por estas personas. Hay personas que tienen solo una maldigestión a la lactosa y el yogur les va muy bien”, comentó.
Respecto a la ingesta diaria, sugirió incorporar entre media taza y una taza de yogur al día como parte del desayuno, como refrigerio o combinándolo con yogur con frutas y semillas para potenciar el aporte de fibra.


