
Hace tres meses escribí en este espacio que la economía mexicana había “metido segunda velocidad”, luego de varios trimestres de estar casi parada. Los datos conocidos ayer sugieren que en el verano “metió la tercera”.
El INEGI publicó el Indicador Oportuno de la Actividad Económica, un ejercicio que se adelanta cinco semanas al dato oficial y que anticipa para septiembre un crecimiento anual de 3.7 por ciento del IGAE, el termómetro mensual más amplio de la economía mexicana. Una tasa de esa magnitud no se veía en casi tres años. Y no se trata solo de una comparación contra una base débil: el nivel del índice, de 108.4 puntos, sería el más alto en la historia de la serie.
Además, el propio INEGI corrigió al alza su estimación para agosto: hace un mes anticipaba un avance anual de 2.5 por ciento y ahora lo calcula en 3.2 por ciento, apoyado en cifras ya observadas de la actividad industrial, que creció 3.6 por ciento.
En julio ocurrió algo parecido: la estimación inicial fue de 2.7 por ciento, luego subió a 2.8 y el dato oficial terminó en 3.3. Las revisiones recientes apuntan en la misma dirección: la actividad resultó más dinámica de lo previsto. Cuando los errores de estimación corren varias veces en el mismo sentido, el riesgo de la cifra de septiembre apunta más al alza que a la baja.
La secuencia trimestral también es reveladora. La economía creció 0.4 por ciento anual en el primer trimestre y 1.8 por ciento en el segundo. Si se promedia el dato oficial de julio con las estimaciones de agosto y septiembre, el tercer trimestre habría avanzado alrededor de 3.4 por ciento. La velocidad prácticamente se duplicó de un trimestre a otro. De confirmarse, sería el trimestre de mayor crecimiento desde 2023.
El contraste con el arranque del año es notable. Todavía en abril hubo analistas que estimaron una caída del PIB en el primer trimestre, mientras diversos indicadores de consumo reflejaban debilidad. Hoy la fotografía es otra.
¿Qué está empujando a la economía? Las actividades terciarias, que representan alrededor de dos terceras partes del total, habrían crecido 4 por ciento anual en septiembre —incluso por encima del 3.7 por ciento estimado para agosto—, señal de un consumo que resiste. Las secundarias habrían avanzado 3.6 por ciento, con una construcción que todavía en julio crecía a tasas de 6.7 por ciento anual. La industria, tras un largo periodo de debilidad, regresó a terreno positivo.
Una objeción natural es que trata de un efecto derivado del Mundial. Pero el torneo concluyó a mediados de julio y, aun así, agosto y septiembre habrían mantenido tasas anuales superiores a 3 por ciento, lo que sugiere que el impulso no se explica solamente por ese evento.
Conviene, sin embargo, ponderar las cifras. El IOAE es una estimación econométrica, no un dato observado, y su intervalo de confianza para septiembre va de 2.6 a 4.9 por ciento.
Además, dentro del trimestre, el impulso mensual se moderó: de 0.8 por ciento en julio pasó a 0.5 en agosto y a 0.1 en septiembre. Es decir, el tercer trimestre luce fuerte en su comparación anual, pero septiembre sugiere que al cierre del verano la expansión ya perdía empuje.
Aun así, la aritmética del arrastre cambió de forma importante. Si la economía no creciera nada entre octubre y diciembre y simplemente conservara el nivel de septiembre, el cuarto trimestre mostraría un avance anual cercano a 3.5 por ciento frente a la base débil de finales de 2025, un año en el que la economía apenas creció 0.8 por ciento.
Con ello, 2026 cerraría arriba de 2 por ciento. Son cálculos hechos con el IGAE, que no es idéntico al PIB, pero sí su mejor aproximación mensual.
Eso implica que el consenso se queda corto.
La Encuesta Citi del día de ayer mantuvo una mediana de crecimiento para 2026 de 1.4 por ciento, con un rango de 0.9 a 1.7. Claro, los resultados se captaron antes de conocer la estimación del IOAE de ayer. Pero incluso el extremo más optimista de ese rango queda por debajo de lo que implicaría el puro arrastre estadístico.
También Banxico tendrá que revisar sus números si los datos de cierre de trimestre confirman esta trayectoria.
Para el banco central, además, el dato no es irrelevante. Una economía creciendo por arriba de 3 por ciento anual y una inflación que eventualmente puede crecer en la última parte del año reducen el margen para pensar en nuevos recortes a la tasa de referencia, hoy en 6.50 por ciento, en el corto plazo. En la encuesta de Citi publicada ayer, claramente domina la percepción de que no habrá cambios en la tasa en este año y también es mayoría el grupo que considera que tampoco lo habrá en 2027.
El viernes conoceremos el dato oficial del IGAE de agosto y, a fin de mes, la estimación oportuna del PIB del tercer trimestre. Si ambos confirman lo que hoy anticipa el IOAE, la discusión dejará de centrarse en si México salió del estancamiento. La pregunta será si este repunte puede sostenerse en el último tramo del año y con qué motores.


