Con la apariencia de un asentamiento detenido tras un evento catastrófico, un completo complejo urbano compuesto por escuela, centro sanitario, iglesia, club social e instalaciones recreativas se consume lentamente bajo la maleza y la humedad. Conocido coloquialmente como el «Chernóbil asturiano», este enclave ubicado en Tineo, Asturias, responde al nombre de Soto de la Barca. A diferencia de Prípiat, donde decenas de miles de personas fueron evacuadas de inmediato, este poblado experimentó una extinción gradual y prolongada al ritmo de la decadencia industrial.
De un próspero proyecto obrero al abandono total
Los orígenes de este poblado se remontan a 1965 con un propósito claro: albergar a los trabajadores de la central térmica de Narcea, levantada junto al cauce fluvial del mismo nombre. La iniciativa impulsada inicialmente por el empresario Higinio González pretendía aprovechar el carbón de la zona suroccidental asturiana y del norte leonés. Tras la entrada en operaciones comerciales gestionada por Naturgy, la compañía levantó un vecindario autosuficiente con chalets para técnicos y bloques residenciales que llegaron a albergar a 500 habitantes y una plantilla directa de 250 empleados.
El diseño arquitectónico, ideado por Ramón Vázquez Molezún, reflejó las altas expectativas de la época dorada industrial. La planta sumó nuevos grupos generadores en 1969 y 1984, alcanzando en el año 2000 un pico histórico de producción con 3,855 GWh y manteniendo acopiadas hasta 120,000 toneladas de carbón. No obstante, el rendimiento cayó drásticamente hasta los 916 GWh registrados en 2014, marcando el inicio de una crisis irreversible.
El cierre definitivo y la pérdida de fondos públicos
El apagón progresivo comenzó en 2016 con la desconexión del primer grupo, culminando en junio de 2020 cuando la central térmica se apagó definitivamente de la red eléctrica nacional. Al momento del cese definitivo, la instalación conservaba 81 empleados directos y 48 subcontratados, aunque organizaciones locales estimaron la destrucción de unas 180 fuentes de empleo. La gran mayoría de las familias emigró hacia el centro de la comunidad autónoma, dejando atrás un conjunto urbano deshabitado en una zona catalogada como inundable.
En 2022, la propiedad del poblado pasó a manos del Ayuntamiento de Tineo. Las expectativas de recuperación surgieron en abril de 2023, cuando el Instituto para la Transición Justa concedió una partida de 3.5 millones de euros orientada a rehabilitar 14 viviendas unifamiliares y desarrollar un innovador modelo de vivienda colaborativa. Sin embargo, tras las voladuras de las torres de refrigeración y estructuras secundarias ejecutadas entre 2023 y 2024, los plazos vencieron sin que la licitación del proyecto urbano prosperara.
Ante la imposibilidad de ejecutar la iniciativa a tiempo y cumplir con los requisitos de conservación, el consistorio municipal tuvo que reintegrar los fondos públicos íntegramente. El concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, calificó la cesión como un «regalo envenenado», dejando el futuro del lugar sin un plan financiero viable.
Vandalismo y un futuro incierto
En la actualidad, apenas 24 vecinos permanecen registrados oficialmente en la localidad. Las antiguas viviendas muestran estancias repletas de expedientes, mobiliario deteriorado, material médico y enseres personales que acentúan la sensación de evacuación repentina. Paralelamente, el sitio ha sufrido constantes actos de vandalismo y hurtos, incluyendo el robo del busto del fundador, la sustracción de cableado eléctrico y daños en los accesos al templo religioso.
Mientras que la infraestructura eléctrica circundante experimenta nuevos proyectos enfocados en la transición energética —como una proyectada hidroeléctrica de bombeo de 320 MW que promete 289 puestos de trabajo—, el núcleo residencial y social de Soto de la Barca continúa sumido en el olvido, a la espera de una intervención integral que devuelva la utilidad a su patrimonio arquitectónico.


