Durante años, el modelo laboral conocido como 996 —consistente en laborar de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana— fue presentado como el motor del éxito tecnológico en China. Respaldado por reconocidos magnates del sector como Jack Ma de Alibaba o Richard Liu de JD.com, este esquema de 72 horas semanales comenzó a ser cuestionado de manera frontal cuando los efectos colaterales demostraron ser profundamente negativos tanto para los empleados como para la estabilidad general del país asiático.
El origen del rechazo social y la intervención estatal
La resistencia ciudadana cobró fuerza visible en 2019 a través de protestas digitales y presenciales que bautizaron al fenómeno como 996-ICU, haciendo alusión a que el ritmo de trabajo conducía directamente a las unidades de cuidados intensivos. La presión pública escaló a tal nivel que, en 2021, la administración encabezada por Xi Jinping decidió intervenir de manera directa para frenar los abusos en las grandes urbes, donde la cultura del esfuerzo extremo está profundamente arraigada.
Para contrarrestar lo que los expertos denominan neijuan —un exceso de competencia laboral que exprime a las plantillas sin traducirse en mejoras reales de rentabilidad—, las autoridades impulsaron esquemas alternativos como el modelo 1065. Este formato promueve trabajar de 10:00 a 18:00 horas de lunes a viernes, garantizando el descanso durante el fin de semana. No obstante, la transición no ha estado exenta de fricciones corporativas y despidos masivos en el sector tecnológico.
El impacto macroeconómico y demográfico del cansancio extremo
Más allá de la legítima defensa de los derechos de los empleados, el gobierno chino comprendió que mantener jornadas maratónicas era incompatible con sus propias metas económicas. Con la introducción de la iniciativa de «prosperidad común» en 2021, el Estado apostó por potenciar el consumo interno. Sin embargo, los analistas comprobaron que los empleados sometidos a turnos de 12 horas diarias carecían del tiempo material necesario para gastar sus salarios, frenando el dinamismo del mercado nacional.
Los problemas demográficos también se vieron agravados por este modelo. En la sociedad corporativa china existe el temor constante a ser reemplazado por perfiles más jóvenes si no se logra un ascenso antes de la paternidad. Como consecuencia, los varones con hijos ocupados bajo este régimen carecen de tiempo para atender sus hogares, lo que profundiza la desigualdad de género y empuja a muchas mujeres fuera del mercado laboral formal debido a la falta de conciliación.


