La crisis eléctrica y el déficit institucional amenazan el futuro económico y la transición en Venezuela

Los desafíos estructurales y políticos para la transición venezolana

La recuperación económica y social de Venezuela tras el fin del chavismo va mucho más allá de la mera reactivación de la industria petrolera o la llegada de capital extranjero. Diversos expertos, políticos y economistas reunidos en una cumbre celebrada en el Parlamento Europeo, en Bruselas, advirtieron que cualquier proceso de apertura debe marchar en paralelo con una democratización profunda, transparente e irreversible.

El evento, impulsado por figuras como el eurodiputado croata Stephen Nikola Bartulica, el polaco Adam Bielan y el economista Jorge Jraissati —quien preside el Economic Inclusion Group—, puso sobre la mesa los obstáculos colosales que enfrenta el país sudamericano. Los ponentes coincidieron en que la ayuda financiera internacional perderá su efecto si no se desmontan los mecanismos de control estatal que han imperado durante décadas.

Durante su intervención, el diputado venezolano Armando Armas fue categórico al señalar que la estabilización de la nación sudamericana no puede ser utilizada como un subterfugio para retrasar las transformaciones democráticas. “La estabilización debe abrir el camino a la democracia. No puede convertirse en una excusa para aplazarla”, sostuvo el legislador, quien recientemente pudo regresar a su país natal tras pasar más de seis años en el exilio.

Armas remarcó que la independencia judicial, la transparencia en el manejo de las finanzas públicas y la profesionalización de los cuerpos de seguridad son condiciones indispensables para evitar que las redes de poder del pasado conserven su influencia. Asimismo, recordó la urgencia de atender las necesidades más básicas de la ciudadanía: “Una familia que espera agua, electricidad o medicinas no puede esperar indefinidamente”, expresó, exigiendo un cronograma de reformas con resultados tangibles y medibles.

Incertidumbre política y la necesidad de garantías democráticas

Por su parte, Bárbara de Jesús, estratega de comunicación política del Economic Inclusion Group, aportó la visión de quienes continúan resistiendo dentro de las fronteras venezolanas. Si bien reconoció ciertos cambios recientes, como la liberación de algunos prisioneros y el regreso de ciertos activistas, advirtió que el aparato represivo sigue intacto y que la nación aún cuenta con más de 300 presos políticos y numerosos medios de comunicación independientes bloqueados.

La falta de un calendario electoral transparente alimenta los temores de que la actual coyuntura se convierta en una estrategia de supervivencia para el oficialismo. De Jesús enfatizó que el punto de inflexión definitivo para la nación llegará únicamente cuando la ciudadanía recupere sus plenas libertades. “El momento Muro de Berlín en Venezuela será el momento en el que los venezolanos seamos realmente libres”, sentenció.

El panel también abordó el reto demográfico que representa la diáspora. Con una cifra estimada de nueve millones de venezolanos viviendo fuera del territorio nacional, los expertos subrayaron que la reconstrucción del país requerirá crear incentivos sólidos no solo para atraer grandes sumas de dinero, sino para lograr el retorno del talento técnico, profesional y emprendedor que abandonó el país en la última década.

El colapso del sistema eléctrico como principal cuello de botella

En el ámbito estrictamente económico, la cumbre puso el foco en una limitación física inmediata: la precaria situación del suministro de energía. Alessandro Cecere, ingeniero industrial y especialista en infraestructura energética, advirtió que es inviable proyectar una reactivación productiva cuando amplias regiones del país sufren cortes de luz que superan las diez horas diarias.

Cecere detalló que, frente a una demanda nacional estimada en 16 gigavatios, la infraestructura apenas logra generar unos 13 gigavatios, a pesar de que la capacidad instalada teórica alcanza los 34 gigavatios. Esta brecha refleja años de abandono, falta de mantenimiento, escasez de personal cualificado y profunda desinversión.

“Sin un aumento de la producción eléctrica en Venezuela, no podemos hablar de recuperación económica”, recalcó el ingeniero, al tiempo que abogó por combinar la experiencia y el capital técnico de Europa con el conocimiento de los ingenieros locales que hoy residen en el extranjero.

Bajo una óptica similar, Jorge Jraissati propuso transformar el sector energético en una ventaja competitiva de gran calado. Ante la creciente demanda global de electricidad y gas natural impulsada por la inteligencia artificial y los centros de datos, Venezuela podría diversificar su economía más allá del crudo, fomentando industrias de mayor valor añadido como la producción de aluminio, amoníaco y fertilizantes.

Deuda, financiación y el papel clave de Europa

El saneamiento financiero representa otro de los pilares fundamentales para la recuperación. El economista Ángel Alvarado insistió en que el país debe sanear sus cuentas fiscales, reducir drásticamente la inflación y abordar la reestructuración de una deuda pública que actualmente bloquea el acceso a los mercados internacionales de crédito.

Alvarado reiteró que las privatizaciones que se impulsen en el futuro deben regirse por estrictas normas de transparencia y un riguroso Estado de derecho. “La prioridad del nuevo Gobierno de Venezuela debe ser el Estado de derecho, un Tribunal Supremo independiente y la independencia de poderes”, afirmó, advirtiendo sobre el riesgo de fomentar un capitalismo de amigos.

Para dinamizar la economía real y llevar financiamiento a sectores rezagados como la agricultura, la vivienda y el transporte, Jesús Lander sugirió que las instituciones europeas implementen esquemas de garantías para mitigar los riesgos iniciales de los inversores. Asimismo, destacó que la incorporación de herramientas tecnológicas avanzadas, como la inteligencia artificial y los sistemas descentralizados, facilitará la reconstrucción de los sistemas financieros y comerciales del país.

Finalmente, los parlamentarios europeos y los especialistas concluyeron que la Unión Europea dispone de una ventana de oportunidad única para respaldar el desarrollo institucional, la seguridad energética y la diversificación comercial de Venezuela. No obstante, recalcaron que el liderazgo y la decisión final sobre el rumbo político y económico recaerán de manera exclusiva en los propios venezolanos.

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