El revuelo político tras el guiño del Partido Verde hacia el gabinete de seguridad
Las recientes declaraciones del senador Manuel Velasco Coello sobre las aspiraciones políticas del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana desataron tensiones internas en el oficialismo. A principios de mes, el coordinador parlamentario comparó al funcionario federal con la emblemática figura de Pedro Infante, resaltando niveles de aceptación pública que, según su perspectiva, abrirían la puerta a una eventual candidatura presidencial por parte del Partido Verde Ecologista de México de cara al proceso federal de 2030.
La reacción desde el poder ejecutivo no tardó en llegar. Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum desestimó los señalamientos al catalogarlos como ejercicio de grilla anticipada y rechazó categóricamente cualquier clase de futurismo político, si bien reconoció el desempeño, la honestidad y el profesionalismo del titular de la dependencia.
Ante la postura presidencial, Velasco aclaró su posición ante los medios de comunicación y descartó haber realizado un destape formal:
«Yo coincido con la Presidenta: el 2030 está muy lejos. Primero hay que pasar la aduana de 2027. Yo en lo personal no destapé a nadie: yo contesté una pregunta que me hicieron compañeros periodistas», expresó el legislador, quien añadió que su intervención se limitó a reflejar el impacto positivo del gabinete de seguridad en las encuestas de opinión.
Incomodidad en la cúpula morenista y críticas por la estrategia punitiva
No obstante las aclaraciones del dirigente ecologista, el sector más ortodoxo del partido gobernante, conocido internamente como los puros y duros, manifestó su profundo malestar. Líderes partidarios como Ariadna Montiel advirtieron en círculos cercanos que este tipo de pronunciamientos prematuros únicamente incrementan las fricciones internas, sobre todo cuando persisten desacuerdos regionales en la conformación de coordinaciones estatales aliadas.
Asimismo, figuras afines al obradorismo capitalino que respaldan las aspiraciones de la jefatura de gobierno encabezada por Clara Brugada comenzaron a cuestionar la narrativa pública que rodea al secretario de seguridad. En particular, la reciente propuesta para la edificación de seis nuevos centros penitenciarios en diversas entidades federativas generó fuertes suspicacias entre los sectores más tradicionales de la izquierda.
Críticos dentro del movimiento político compararon esta clase de medidas con modelos internacionales de carácter punitivo y recordaron propuestas de oposición pasadas:
«No sólo es amigo de la DEA, la CIA y el Departamento de Estado de Estados Unidos, ahora quiere parecerse a ellos prometiendo más de 18 mil nuevos espacios en las cárceles», señalaron fuentes del obradorismo duro, aludiendo a similitudes discursivas con administraciones extranjeras y con proyectos de campaña anteriores.
Movimientos internos y lealtades de cara al futuro
Estas fricciones ideológicas y estratégicas también ponen bajo la lupa la postura de funcionarios dentro de la propia dependencia federal, tales como Miguel Torruco y José Luis Rodríguez Díaz de León. Ambos subsecretarios, con trayectorias eminentemente políticas dentro de la administración, mantuvieron vínculos estrechos con la promoción del actual secretario durante la contienda capitalina de 2024 y mantienen diferencias de visión con el proyecto político impulsado por Brugada Molina.
La dirigencia nacional insiste en que cualquier definición sucesoria rumbo a la próxima década deberá resolverse conforme a los métodos tradicionales de levantamiento de encuestas internas y no mediante debates mediáticos anticipados que puedan fracturar la cohesión del movimiento gobernante.


