Aunque en la actualidad resulta imposible pronunciar el apellido Messi sin evocar inmediatamente al célebre astro del fútbol argentino, la historia guarda sorpresas insólitas. Hace más de 4,000 años, un distinguido noble que compartía exactamente la misma denominación habitaba las tierras del Antiguo Egipto. Un hallazgo arqueológico realizado en 2021 ha sacado a la luz una singular escultura familiar que no solo confirma la existencia de este personaje, sino que además desafía las nociones tradicionales sobre la plástica y la creatividad escultórica del Imperio Antiguo.
Un tesoro arqueológico oculto en la necrópolis
De acuerdo con los reportes difundidos por la comunidad científica, la pieza escultórica alcanza más de 103 centímetros de altura y fue desenterrada en el emblemático yacimiento de Saqqara. Si bien el monolito carece de inscripciones directas, los análisis estilísticos permiten fechar su manufactura alrededor de la quinta dinastía, entre los años 2465 y 2323 a.C., una época en la que la civilización del Nilo aún se encontraba inmersa en la construcción de monumentales pirámides. Los pormenores de esta investigación fueron documentados formalmente en publicaciones especializadas del sector académico.
La obra está esculpida íntegramente en piedra caliza. En su composición principal destaca la figura imponente de un varón de pie con el pie izquierdo adelantado. Según explicó el reconocido especialista Zahi Hawass, autor principal del proyecto de excavación, este recurso plástico «representa juventud, vitalidad y fuerza«. A los pies del dignatario se distingue a una mujer arrodillada de dimensiones mucho más reducidas, ataviada con sencillez y estrechamente abrazada a la extremidad derecha del hombre, una disparidad de escala que evidencia la superioridad jerárquica del esposo frente a su cónyuge.
Innovación artística y un detalle familiar único
No obstante, el elemento más fascinante de todo el conjunto se oculta discretamente detrás de la pierna izquierda del protagonista masculino. Se trata de la representación escultórica de una pequeña niña, la cual sujeta firmemente la extremidad de su progenitor con la mano derecha, mientras que con la mano opuesta aferra un ganso que mantiene el pico abierto, simulando visualmente el momento exacto de un graznido.
Lo verdaderamente revolucionario de este fragmento es que la infante se encuentra plasmada mediante la técnica de bajorrelieve. Los expertos señalan que, en los cánones habituales de aquel período, los niños solían representarse en bulto redondo. Esta singular variante técnica no convierte a la pieza en un ejemplar único en su clase, sino que también pone de manifiesto la notable inventiva y libertad del escultor egipcio. Al respecto, Zahi Hawass añadió que la escena podría simbolizar «una conexión con la familia que sugiere que se reunirán en el más allá«.
El rastro del personaje y los saqueadores de tumbas
El propio investigador detalló que la escultura apareció sepultada bajo capas de arena en la zona de Saqqara. Muy cerca del punto del hallazgo se localizó una puerta falsa adornada con el nombre «Messi«, un indicio clave que permitió a los arqueólogos bautizar provisionalmente al noble egipcio. Estos umbrales simulados cumplían funciones religiosas fundamentales, ya que los antiguos pobladores creían firmemente que el alma del difunto podía utilizarlos para transitar entre el mundo terrenal y el ultratumba.
A pesar de la relevancia del descubrimiento, la pieza carecía inicialmente de un contexto estratigráfico claro y se presume que fue descartada en la antigüedad por expoliadores de tumbas. La datación definitiva se logró tras cotejar la obra con otro grupo escultórico atribuido a Irukaptah, resguardado actualmente en el Museo de Brooklyn, el cual guarda notables similitudes en proporciones, vestimenta y manufactura, apuntando a que ambas creaciones proceden de una misma escuela artística tradicional.


