Estudiantes universitarios frenan a la mitad el deshielo en los Alpes usando mantas de lana ovina

Un experimento audaz en la alta montaña

Lo que comenzó como una propuesta teórica en las aulas universitarias ha arrojado datos sorprendentes en las cumbres de los Alpes suizos. Un equipo de jóvenes investigadores decidió desplegar un manto de lana cruda sobre una sección de hielo alpino para evaluar su rendimiento térmico durante los meses más cálidos del año. Tras analizar los registros al concluir la temporada estival, comprobaron que este aislante de origen natural consiguió reducir el derretimiento localizado entre un 50% y un 70%, igualando la eficacia de los protectores sintéticos comerciales.

Despliegue del proyecto Keep It Wool

La iniciativa, denominada oficialmente proyecto Keep It Wool, nació en el seno de la Universidad de Lausana en 2025 gracias a la cooperación con la Summit Foundation. Detrás de este desarrollo se encuentran los estudiantes de maestría Maxime Galley, Elliot Gaffiot, José Bastidas y Léonard Duloube. El operativo en terreno dio inicio el 22 de junio de 2026 en el glaciar Tsanfleuron, situado en el complejo Glacier 3000.

En dicho sector instalaron dos superficies de prueba de 100 metros cuadrados cada una, fabricadas por la compañía local Fisolan con gramajes diferenciados de 400 y 750 gramos por metro cuadrado. Paralelamente, ubicaron un geotextil sintético convencional con el propósito de contrastar el comportamiento de ambos materiales bajo idénticas condiciones meteorológicas y de exposición solar.

Resistencia y propiedades del aislante natural

Los creadores ascendieron a la cumbre de forma quincenal para medir la pérdida de volumen en la masa helada y constatar la resistencia de la fibra frente al viento, las precipitaciones y las variaciones térmicas drásticas. Aunque existían dudas razonables sobre si la lana resistiría semanas a la intemperie sin descomponerse, el material conservó su integridad estructural durante todo el verano, rindiendo de forma muy similar a los plásticos industriales.

Este escudo térmico actúa reflejando la radiación solar y bloqueando el aire caliente. Su estructura microscópica retiene diminutas bolsas de aire que generan un aislamiento pasivo muy eficiente, sumado a su capacidad para absorber humedad sin colapsar de inmediato ante el agua de escorrentía.

El dilema ambiental de los plásticos y el desecho local

El uso de cobertores en glaciares no es una novedad en centros de esquí europeos, donde emplean polipropileno para cuidar pistas clave. Sin embargo, la exposición prolongada a la intemperie desgasta estos polímeros, fragmentándolos en microplásticos que terminan contaminando los cauces fluviales. Frente a esto, la alternativa biológica aprovecha un subproducto desatendido en el país helvético, donde gran parte de la lana obtenida de la ganadería ovina termina incinerada o desechada cada año por falta de valor comercial en el mercado textil.

Los límites de la estrategia frente al cambio climático

A pesar del éxito técnico, los impulsores advierten sobre la limitación a gran escala de esta solución. Actualmente, las cubiertas artificiales apenas protegen el 0.02% de la superficie glaciar suiza, salvando unos 300,000 metros cúbicos anuales de nieve frente a pérdidas nacionales que ascienden a los 1,000 millones de metros cúbicos. Cubrir las cumbres de manera masiva requeriría inversiones millonarias inalcanzables, por lo que la lana se perfila como un recurso útil para resguardar infraestructura específica, más no cordilleras enteras.

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