Tras más de cuatro décadas en cautiverio, un elefante emprende un histórico viaje hacia su nuevo hogar en Brasil

Tras más de cuatro décadas en cautiverio, un elefante emprende un histórico viaje hacia su nuevo hogar en Brasil

Despues de pasar más de 40 años habitando el mismo recinto en un zoológico municipal, un ejemplar asiático de avanzada edad debió atravesar una distancia de 1,615 kilómetros para modificar por completo su rutina diaria. A sus 54 años, el paquidermo completó una compleja operación logística que lo llevó desde el estado de São Paulo hasta una reserva natural especializada en la rehabilitación de animales silvestres en la región brasileña de Mato Grosso.

El operativo culminó con el arribo del animal al establecimiento conocido como Santuario de Elefantes Brasil, ubicado en la zona de Chapada dos Guimarães. La misión requirió de un planeamiento exhaustivo que se extendió durante meses, priorizando en todo momento el bienestar físico y psicológico del ejemplar tras una larguísima temporada en cautiverio urbano.

Un entrenamiento especial para subir al transporte

La etapa previa al traslado exigió un método de aclimatación sumamente cuidadoso. Varios días antes de la partida oficial desde la localidad de Sorocaba, los cuidadores instalaron una estructura metálica diseñada exclusivamente para el traslado dentro del recinto donde vivía el animal. En lugar de forzar su ingreso, el equipo apeló a técnicas de refuerzo positivo para estimularlo a explorar el contenedor por sus propios medios.

La estrategia dio resultados óptimos cuando el ejemplar decidió ingresar voluntariamente a la estructura. De este modo, el 16 de septiembre se puso en marcha el convoy terrestre que transportó la caja sobre un camión durante aproximadamente dos días y medio. Durante el trayecto, los especialistas monitorearon de manera permanente su estado de salud, proveyéndole agua y una dieta idéntica a la que consumía en el zoológico para evitar cuadros de estrés.

Un pasado marcado por los circos y el cautiverio prolongado

La historia de este paquidermo comenzó lejos de cualquier entorno protegido. Los registros históricos de la institución que lo recibió indican que fue capturado en territorio asiático en 1971, cuando apenas era una cría. Inmediatamente después de su extracción, fue trasladado a los Países Bajos y más tarde formó parte de las atracciones del circo itinerante Orlando Orfei en tierras sudamericanas.

Tras una década de espectáculos ambulantes, el animal encontró un destino fijo en 1982 al ser incorporado al Parque Zoológico Municipal Quinzinho de Barros. Allí permaneció durante 44 años consecutivos. Años más tarde, en 1995, se le sumó otra elefanta asiática llamada Haisa, con quien compartió su espacio hasta el fallecimiento de ella en el año 2020. A partir de ese momento, el ejemplar quedó solitario, lo que avivó una intensa disputa legal entre organizaciones proteccionistas y autoridades del zoológico que concluyó con la autorización para su traslado.

La llegada a un entorno controlado pero más amplio

Los responsables del santuario aclararon que estas instalaciones no funcionan como un centro de reintroducción a la vida silvestre, sino como un refugio permanente donde los animales rescatados pueden desplazarse con mayor libertad. Tras descender del vehículo el 18 de septiembre, el elefante experimentó un contacto inmediato con la tierra y el barro, un estímulo sensorial radicalmente distinto al suelo de cemento al que estuvo acostumbrado por décadas.

Actualmente, el ejemplar atraviesa un periodo inicial de cuarentena y evaluación veterinaria en un sector delimitado. El acceso a zonas más amplias del predio se habilitará de forma progresiva, conforme su organismo y su conducta demuestren una adaptación exitosa a su nuevo hábitat.

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