El doble rostro del instructor de salsa vinculado al Kremlin
Mientras guiaba los pasos de sus alumnos al ritmo de la música latina, un instructor cubano ocultaba una peligrosa misión tras bambalinas. Lejos de enseñar coreografías para salones de fiesta, este individuo utilizaba su carisma para coordinar operaciones de sabotaje e incendios en territorio europeo, bajo la presunta tutela de los servicios de inteligencia de Rusia, según documentó una investigación periodística internacional.
El protagonista de esta trama responde al alias de “Dios”, cuya identidad real corresponde a Oemis Romagoza Durruthy. Lejos de levantar sospechas, este profesor de salsa, bachata y kizomba compartía habitualmente en sus perfiles digitales fragmentos de sus clases y vistazos de su rutina cotidiana, alternando su faceta artística con el reclutamiento clandestino de agentes para ejecutar ataques en países de la Unión Europea.
Estrategia de captación en redes sociales y perfiles desechables
Originario de Camagüey, Cuba, Romagoza Durruthy se estableció hace al menos siete años en Petrozavodsk, una localidad situada en el norte ruso. Con el paso del tiempo, contrajo matrimonio con una ciudadana de ese país y consiguió formalizar su nacionalidad.
Para captar a sus colaboradores, el instructor operaba principalmente a través de plataformas digitales. Participaba de manera activa en comunidades de Facebook dedicadas a enlazar personas interesadas en conseguir empleo en el extranjero o integrarse a determinados frentes bélicos. Paralelamente, utilizaba servicios de mensajería como Telegram para gestionar falsas ofertas laborales que jamás mencionaban actividades ilícitas.
Las propuestas publicadas abarcaban desde puestos aparentes como fotógrafo hasta solicitudes de currículums y pasaportes para supuestas vacantes generales. En los casos más específicos, se requería experiencia militar en áreas de logística, inteligencia y maniobras tácticas, ofreciendo una remuneración base de mil 500 dólares complementada con bonificaciones por cada misión cumplida.
El perfil preferido por la red incluía a ciudadanos latinoamericanos que ya residieran legalmente dentro del bloque comunitario, facilitando así sus desplazamientos sin despertar alertas migratorias ni llamar la atención de las autoridades locales.
El desmantelamiento de la célula y las condenas en Europa
La red comenzó a desmoronarse cuando los reclutados empezaron a ejecutar las órdenes asignadas. Uno de los casos documentados fue el del ciudadano colombiano Luis Alfonso Murillo Diosa, quien creyó haber sido contratado para combatir en el frente ucraniano, pero recibió instrucciones precisas de fotografiar una planta de reciclaje y un pozo petrolero para posteriormente prenderles fuego en Bucarest, Rumania.
Las fuerzas de seguridad interceptaron a Murillo Diosa antes de que lograra concretar el siniestro, lo que derivó en una sentencia a seis años de prisión por delitos de sabotaje. Actuaciones similares se registraron en otras naciones de la región. En la República Checa, un individuo identificado como Andrés Alfonso de la Hoz de la Cruz fue condenado a ocho años de cárcel tras incendiar unidades de transporte en un depósito de Praga. Asimismo, en Lituania se documentaron planes contra instalaciones de almacenamiento logístico militar.
En total, las indagatorias apuntan a que al menos nueve reclutas fueron interceptados por los cuerpos de seguridad europeos, enfrentando condenas severas por terrorismo y sabotaje.
La sombra del servicio secreto ruso y el estatus legal del prófugo
Ante la magnitud de los ataques perpetrados, la Fiscalía de Lituania atribuyó públicamente la responsabilidad al Glávnoye Razvédyvatelnoye Upravlenie (GRU), el organismo de inteligencia militar del Kremlin. Debido a esto, la justicia internacional emitió órdenes de captura y colocó a Romagoza en la lista de personas buscadas.
Especialistas en seguridad apuntan a que la utilización de ciudadanos latinoamericanos sin trayectoria previa en espionaje responde a una táctica deliberada para crear “agentes desechables”, permitiendo al gobierno ruso ejecutar acciones hostiles en el extranjero sin comprometer directamente a su personal oficial ni dejar huellas institucionales.
Pese a los intentos de diversos medios por obtener su versión de los hechos, el instructor de baile no ha emitido declaraciones. Actualmente, las agencias de seguridad continúan tras su pista, aunque se presume que permanece refugiado en territorio ruso, nación que tradicionalmente no otorga la extradición de sus propios ciudadanos.


