Bank of America advierte sobre contradicciones y fallas en las estrategias económicas de Warsh y Bessent
Las estrategias económicas planteadas por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y el presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, presentan enfoques divergentes frente a los mercados financieros, pero convergen en una debilidad fundamental, de acuerdo con un reciente informe de Bank of America (BofA). La institución financiera resume esta disyuntiva bajo la interrogante de si los inversores de bonos provienen de Marte y los diseñadores de políticas públicas de Venus.
Dicha metáfora gráfica refleja la brecha existente entre la dinámica de los mercados y las autoridades encargadas de la economía. En la perspectiva de BofA, ambos funcionarios se sitúan en el mismo lado de esa separación, aunque emplean métodos distintos para interactuar con el entorno financiero global.
Mientras que el titular del Tesoro procura incidir directamente sobre los precios derivados de las señales del mercado, el máximo responsable de la Fed pretende extraer mayor información de esas mismas fluctuaciones. Para el banco de inversión, aquí surge una contradicción insalvable: cualquier intervención oficial que altere los precios corre el riesgo de distorsionar la información precisa que el banco central intenta aprovechar para sus decisiones.
Esta tensión cobra especial relevancia en el mercado de la deuda pública estadounidense. Si el Tesoro manipula las cotizaciones, perjudica el proceso natural de formación de precios y obstaculiza la lectura que la Reserva Federal busca obtener del sistema financiero.
Presión sobre los bonos y tasas de interés reales
El análisis de BofA argumenta que el repunte reciente en los rendimientos de los bonos a largo plazo no obedece a un escenario excepcionalmente alto, sino a un proceso de normalización hacia parámetros previos al año 2008.
Según la entidad, este movimiento responde fundamentalmente a variables estructurales, tales como la expansión de los desequilibrios fiscales tras la emergencia sanitaria y el acelerado impulso de la inversión asociada a la inteligencia artificial.
Asimismo, este fenómeno financiero trasciende las fronteras estadounidenses. El incremento se concentra firmemente en las tasas reales y se manifiesta a escala global, impactando sobre todo a las naciones industrializadas. La decisión de Japón de abandonar su estrategia de control en la curva de rendimientos, sumada a sus intervenciones cambiarias, ejerce una presión añadida sobre los costos de endeudamiento internacional.
Bajo este escenario, BofA estima que la tendencia general seguirá apuntando hacia tasas reales elevadas, a menos que ocurra un desplome drástico en la inversión tecnológica, una contracción de los déficits públicos o una represión financiera generalizada en los mercados.
Inexistencia de un rescate extraordinario
La institución financiera también pone en tela de juicio la conveniencia de aplicar medidas de intervención en el mercado de deuda soberana de Estados Unidos. A su entender, este tipo de acciones monetarias o fiscales se justifica únicamente ante fallas evidentes de mercado, problemas graves de liquidez, externalidades complejas o fallas de coordinación institucional.
Sin embargo, BofA enfatiza que ninguna de estas circunstancias se encuentra presente en la actualidad dentro del mercado de bonos del Tesoro estadounidense.
“Este no es un momento Draghi”, sentencia el informe, aludiendo de este modo a las circunstancias extraordinarias que en el pasado obligaron al entonces presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, a desplegar intervenciones drásticas para rescatar a la zona euro de su crisis de deuda.
Para el banco, la intervención gubernamental puede volverse desestabilizadora y propiciar problemas de riesgo moral al debilitar las señales informativas que emiten los mercados. La entidad advierte que alterar artificialmente las cotizaciones no sustituye la obligación imperativa de solucionar los problemas estructurales de fondo.
El estudio también refuta la presunción de que los hacedores de política económica posean la capacidad de superar la eficiencia informativa de los mercados. A pesar de que los funcionarios disponen de datos asimétricos, los mercados procesan y aglutinan información con mayor agilidad que cualquier autoridad individual.
Desde la óptica de BofA, poner topes al rendimiento en el tramo largo de la curva significaría, en términos prácticos, una relajación prematura de las condiciones financieras, lo cual incrementaría la presión futura sobre la Fed para elevar las tasas de interés.
El delicado panorama fiscal
El informe sitúa a la política fiscal como uno de los peligros más severos para el desarrollo de las economías avanzadas. BofA remarca la ausencia de un compromiso político firme para corregir los desequilibrios presupuestarios y advierte sobre las repercusiones adversas en la trayectoria de la deuda.
En territorio estadounidense, el déficit fiscal rebasa el 6% del PIB. Cerca de la mitad de dicho monto se destina exclusivamente al pago de intereses, mientras que el 70% del presupuesto corresponde a obligaciones de asistencia social y apenas un 15% se canaliza hacia el sector de defensa.
Adicionalmente, el banco avizora que reasignar deuda a largo plazo utilizando pasivos de corto plazo podría elevar de forma peligrosa el riesgo de refinanciamiento, imponiendo nuevas ataduras a la política monetaria.
“La responsabilidad fiscal es una condición necesaria para la estabilidad de precios”, afirma la institución, la cual calcula que el fenómeno de la dominancia fiscal todavía no es inminente, aunque tampoco se encuentra demasiado lejano.
Cuestionamientos a la estrategia comunicacional
El reporte financiero detecta asimismo fallas de peso en el enfoque de comunicación del titular de la Reserva Federal. Warsh ha manifestado su intención de limitar el uso de la orientación futura (forward guidance), bajo el argumento de que los mercados no deben anticipar lo que el banco central debería ejecutar, sino centrarse en sus acciones concretas.
No obstante, la dificultad radica en que la injerencia del Tesoro en los tramos largos de la curva termina por distorsionar todavía más dichas expectativas, según advierte la firma.
Por consiguiente, BofA sugiere que la institución monetaria debería enfocar sus esfuerzos en comunicar con claridad su función de reacción como ancla nominal, en lugar de emitir directrices excesivas sobre sus próximos movimientos.
Bajo esa premisa, el banco concluye que Warsh terminó ofreciendo demasiada orientación durante su intervención en el simposio de Jackson Hole, a pesar de su propósito inicial de reducir el forward guidance, un tropiezo que podría restarle grados de maniobra y credibilidad a la Reserva Federal en el corto plazo.


