Panorama general de la crisis de salud mental en el país
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, establecido por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y respaldado por la Organización Mundial de la Salud, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio a conocer las cifras oficiales correspondientes al cierre de 2025. Durante ese periodo se documentaron 8 mil 709 fallecimientos por esta causa a nivel nacional, lo que establece una proporción de 6.7 casos por cada 100 mil habitantes.
El desglose estadístico por género pone de manifiesto una marcada disparidad. Del total de muertes registradas, el 79.9 por ciento perteneció a hombres, mientras que el 20.1 por ciento restante correspondió a mujeres. Esto se traduce en una tasa específica de 10.9 por cada 100 mil hombres y de 2.6 por cada 100 mil mujeres en todo el territorio mexicano.
Al analizar la evolución histórica de esta problemática social y sanitaria, las cifras muestran un incremento sostenido durante la última década. Entre 2015 y 2025, la tasa general pasó de 5.1 a 6.7 por cada 100 mil pobladores. Mientras la incidencia en el sector femenino se ha mantenido relativamente estable, el sector masculino experimentó fluctuaciones significativas que lo llevaron a alcanzar un pico en años previos antes de situarse en los niveles actuales.
Distribución geográfica y diferencias por regiones
El impacto de este fenómeno no se distribuye de manera homogénea en las distintas entidades federativas. Las estadísticas oficiales revelan que las regiones con las tasas más elevadas por cada 100 mil habitantes durante 2025 fueron Chihuahua con 13.8, seguida muy de cerca por Yucatán con 13.7 y Aguascalientes con 12.0.
En el extremo opuesto del análisis geográfico, las demarcaciones que reportaron los índices más bajos a nivel nacional fueron Guerrero con 2.0, Chiapas con 3.8, así como Veracruz y Baja California con 4.7 respectivamente, reflejando contrastes profundos en las dinámicas sociales y de atención en salud mental según cada zona del país.
Grupos de edad más vulnerables y características sociodemográficas
Uno de los hallazgos más alarmantes del informe indica que la población más joven enfrenta un riesgo considerablemente alto. Específicamente, el rango etario de 15 a 29 años acumuló 3 mil 318 casos, lo que representa el 38.1 por ciento del total nacional y posiciona a este acto como la tercera causa de muerte en dicho sector de la población.
Para este grupo de jóvenes, la tasa se elevó a 10.2 por cada 100 mil habitantes. No obstante, al segmentar por género dentro de estas edades, se observa que las mujeres alcanzaron su punto más crítico entre los 15 y 29 años con una tasa de 5.1 por cada 100 mil, en tanto que los hombres registraron su mayor incidencia en un rango ligeramente mayor, de 30 a 44 años, con una alarmante tasa de 17.2 por cada 100 mil.
En cuanto al perfil sociodemográfico de las personas mayores de 15 años que perdieron la vida de esta forma, el análisis señala que el 65.7 por ciento contaba con una actividad económica activa al momento del deceso. Respecto al grado máximo de estudios, la mayor proporción contaba con educación secundaria terminada, concentrando el 27.2 por ciento del total.
Las diferencias educativas por género muestran que el porcentaje más alto entre las mujeres se ubicó en quienes poseían estudios de bachillerato con un 28.1 por ciento, mientras que en los hombres predominó la secundaria completa con un 28.3 por ciento. Asimismo, la condición conyugal predominante fue la soltería, abarcando al 52.1 por ciento de los casos totales, con una incidencia del 57.3 por ciento en mujeres y del 50.8 por ciento en hombres.
Lugares y métodos más frecuentes
El estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía profundiza también en las circunstancias en las que ocurren estos trágicos acontecimientos. En el caso particular de los jóvenes de 15 a 29 años, el 70.3 por ciento de los hechos tuvo lugar dentro de una vivienda particular, evidenciando que el entorno doméstico suele ser el espacio principal donde se desarrollan estas crisis.
En lo referente al mecanismo empleado para cometer el acto, las estadísticas detallan que el ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación constituyó el método principal, al agrupar el 89.5 por ciento de los registros analizados durante el año.
Con información de Quadratín.


