El repunte de la construcción y su dependencia estatal
El sector de la construcción en el territorio nacional muestra señales claras de reactivación tras darse a conocer las cifras oficiales correspondientes al mes de junio. De acuerdo con los registros del INEGI, el valor de producción de las empresas constructoras experimentó un crecimiento de 6.9 por ciento anual al considerar cifras desestacionalizadas. No obstante, al analizar los factores detrás de esta variación, resulta evidente que existe un motor primordial detrás de estos números: la inversión gubernamental.
Los informes de la Encuesta Nacional de Empresas Constructoras detallan aumentos notables en rubros específicos vinculados a proyectos gubernamentales. Por ejemplo, las labores destinadas al manejo de agua, riego y saneamiento se elevaron 303 por ciento en términos anuales. Asimismo, los proyectos ferroviarios registraron un incremento de 250 por ciento, mientras que la infraestructura eléctrica avanzó 82 por ciento. En contraste, las iniciativas de urbanización y transporte urbano sufrieron una contracción de 32 por ciento.
El contraste entre el capital público y el privado
Este comportamiento encuentra respaldo en el Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo. Durante el quinto mes del año, la inversión privada total retrocedió 1.3 por ciento anual, al tiempo que la vertiente pública se incrementó un 19.7 por ciento. La disparidad se acentúa al enfocar la atención exclusivamente en la industria de la construcción, donde el sector privado disminuyó 1.1 por ciento frente a un notable repunte de 30.5 por ciento en el ámbito gubernamental. Además, la edificación no residencial avanzó 11.8 por ciento anual, mientras que el segmento residencial cayó 5.4 por ciento a pesar de los esfuerzos del programa nacional de vivienda.
Esta dinámica ha evitado que la economía industrial sufra un descalabro mayor. Durante el primer semestre, la actividad industrial general registró una variación de cero por ciento. Mientras las manufacturas acumularon una caída de 1.1 por ciento, la construcción funcionó como el pilar que impidió un balance negativo gracias a su avance del 2.1 por ciento. Incluso ramas secundarias como los servicios vinculados a la minería crecieron 32 por ciento en dicho periodo, impulsados indirectamente por estas labores.
Una transformación profunda en el gasto gubernamental
Lo llamativo de este fenómeno es que ocurre en un contexto donde el presupuesto total destinado a la inversión gubernamental muestra reducciones. El Informe de Finanzas Públicas señala que la inversión física del sector público presupuestario descendió 7.9 por ciento real durante el primer semestre, al pasar de 399.6 mil millones de pesos a 382.7 mil millones de pesos. El secreto detrás del incremento en las obras radica en una modificación sustancial dentro de la distribución del gasto.
Mientras los recursos orientados a combustibles y energía disminuyeron 25.3 por ciento real, aquellos clasificados dentro del desarrollo social se elevaron 18.8 por ciento para situarse en 190 mil millones de pesos. Destaca especialmente el caso de la salud, donde la inversión se multiplicó por más de tres al registrar un incremento real de 218.5 por ciento. Por su parte, el sector de vivienda y servicios comunitarios alcanzó los 148 mil millones de pesos, y la educación experimentó un crecimiento de 17.6 por ciento. Como resultado, la inversión física social ya supera a la destinada al desarrollo económico.
Impacto regional y geografía de la infraestructura
La concentración de los trabajos gubernamentales se refleja con claridad en el mapa nacional. En el mes de junio, el valor de producción de las constructoras aumentó 164.5 por ciento anual en el estado de Hidalgo impulsado por el avance ferroviario, 65.4 por ciento en el Estado de México y 57.9 por ciento en Querétaro. Por el contrario, los estados del norte industrializado presentan cifras negativas: Chihuahua reportó una caída de 35.9 por ciento, Coahuila de 24.2 por ciento y Nuevo León de 6.6 por ciento, condicionados en parte por la cautela ante la revisión del T-MEC y las políticas arancelarias.
Si bien la estrategia actual ha cumplido el cometido de sostener la actividad industrial ante la apatía del capital privado, también pone en evidencia su principal límite estructural. El Estado tiene la capacidad de levantar redes eléctricas, hospitales, vías férreas y acueductos para dinamizar temporalmente la economía, pero no puede reemplazar de forma permanente la participación privada en la creación de nuevas plantas, parques industriales y proyectos productivos. La recuperación sólida del sector se consolidará únicamente cuando ambos motores marchen al unísono.


