Un freno pronunciado en el financiamiento para la vivienda
El mercado de la vivienda en la capital del país atraviesa un momento de marcada divergencia, donde la actividad general de compraventa logra sostenerse frente a la fuerte contracción que experimentan las herramientas de financiación. Durante el séptimo mes del año, las operaciones formalizadas mediante préstamos bancarios sufrieron un retroceso muy significativo, evidenciando que el acceso al crédito perdió el vigor que supo mostrar en etapas anteriores y marcando una distancia considerable respecto al comportamiento general de las transacciones.
De acuerdo con las estadísticas difundidas por el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, en el mes de julio se concretaron 959 escrituras con garantía hipotecaria. Esta cifra representa una caída del 31,2% en la comparación interanual frente a las 1.393 operaciones registradas en el mismo período del año previo. Si bien las compraventas totales también mostraron un signo negativo, su descenso fue notoriamente menor, al retroceder un 9% interanual tras totalizar 6.051 actos frente a los 6.651 del ejercicio anterior. El movimiento de capitales asociado a estas operaciones alcanzó los 1,068 billones de pesos, lo que implicó una variación positiva del 9,37% en términos nominales.
La evolución mensual de las hipotecas y su peso en el mercado
El análisis pormenorizado de los primeros siete meses del año refleja una pérdida paulatina de participación del financiamiento bancario dentro del universo de adquisiciones de inmuebles. Al comenzar el año, los créditos explicaban el 22,3% del total de las escrituras formalizadas, pero ese porcentaje experimentó un derrotero descendente que tocó un nivel mínimo del 10,8% durante el mes de mayo. Aunque posteriormente se observó una tenue recomposición que llevó la incidencia al 12,8% en junio y al 15,8% en julio, los números continúan ubicándose muy por debajo de los registros de buena parte del año pasado.
Al examinar el acumulado entre enero y julio, la brecha de velocidades se profundiza aún más. En ese lapso se concretaron 35.528 compraventas totales, lo que denota una mínima retracción del 1,8% en relación con el mismo tramo de 2025. En contraparte, los préstamos para la vivienda acumulan un desplome del 36% en los primeros siete meses, abarcando apenas el 14,4% de la totalidad de las transacciones formalizadas en ese período.
Sobre este escenario, Magdalena Tato, presidenta de la entidad que nuclea a los escribanos porteños, expresó: “Lo que el dato nos dice con claridad es que hay dos velocidades en este mercado. La actividad general prácticamente empata con el año pasado, pero las hipotecas acumulan una caída del 36% en los primeros siete meses”. Esta disparidad pone de manifiesto que el sector ha logrado mantenerse activo principalmente a través de operaciones fondeadas con recursos propios, restando dinamismo a la incorporación de nuevos compradores que dependen de la palanca financiera.
Resistencia en las escrituras y optimismo de cara al futuro
A pesar del magro desempeño de los créditos, el volumen global de operaciones inmobiliarias continúa exhibiendo una solidez destacable al ser evaluado en perspectiva histórica. Las 6.051 operaciones contabilizadas en el séptimo mes configuraron el registro mensual más elevado de todo el año, superando por un 1,02% las 5.990 transacciones de junio.
“Julio fue el mejor mes del año en materia de compraventas: 6.051 escrituras. Si tomamos los julios de 2025 y 2026, son claramente los mejores en muchos años. Hay que remontarse a 2008 para encontrar un registro superior”, remarcó la titular del Colegio de Escribanos al valorar la vigencia de la demanda.
En simultáneo, el valor promedio de cada operación mostró un incremento interanual del 20,2% en moneda local, situándose en 176,6 millones de pesos, cifra que al cambio oficial promedio equivale a unos 116.967 dólares, lo que representa una suba del 1,8% en moneda dura. Desde la óptica institucional, la actual atonía del crédito no se interpreta estrictamente como una amenaza estructural, sino más bien como un potencial latente de expansión para los próximos meses.
“Esa brecha no es una amenaza, es una oportunidad: significa que el mercado tiene margen real de crecimiento en cuanto el financiamiento hipotecario recupere su dinamismo”, concluyó Tato, anticipando que un eventual repunte de los préstamos bancarios podría actuar como el catalizador definitivo para acelerar la actividad en el corto y mediano plazo.


