Un reconocimiento internacional que genera tensiones internas
El reciente regreso de Omar García Harfuch a territorio nacional, tras participar en una cumbre sobre seguridad convocada por la DEA en Buenos Aires, deja al funcionario en una posición sumamente compleja. Si bien el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana obtuvo un espaldarazo internacional por su labor en la estrategia antidrogas, este respaldo contrasta fuertemente con el clima político que enfrenta en México. El jefe de la agencia antidrogas estadounidense, Terry Cole, reconoció de manera superlativa el compromiso del funcionario mexicano, en un gesto que se repitió por segunda ocasión en menos de 15 días.
Esta distinción hacia García Harfuch vino acompañada, sin embargo, de cuestionamientos hacia otros sectores del partido gobernante. La presidenta Claudia Sheinbaum manifestó recientemente su inconformidad ante lo que calificó como un “doble discurso” por parte del funcionario estadounidense, quien por un lado elogia al secretario de Seguridad, pero por el otro mantiene señalamientos y sospechas sobre diversos actores políticos vinculados a Morena que actualmente son objeto de análisis en Washington.
Fricciones en el gabinete y resistencia en el ala radical
La figura de García Harfuch, consolidada como uno de los elementos mejor evaluados en el ámbito público, genera profundas envidias y tensiones dentro de la administración federal. Las expresiones de Cole habrían provocado malestar en el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla, con quien mantiene una rivalidad sorda dentro del equipo de gobierno. Asimismo, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha visto mermada su influencia histórica como el principal puente de comunicación con Washington, un rol que desempeñó durante más de siete años.
A esto se suma la animadversión abierta de los sectores más radicales de la autodenominada cuarta transformación. Este grupo político, que ya frustró las aspiraciones de García Harfuch por obtener la candidatura a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en 2024, utiliza los elogios de la administración estadounidense para descalificarlo, acusándolos de mantener una postura condescendiente frente a Washington.
El trasfondo histórico y la presión sobre la narcopolítica
Para analistas y observadores de la política nacional, las declaraciones de Terry Cole también funcionan como una advertencia velada hacia los sectores internos que buscan debilitar al secretario. La estrategia implementada por García Harfuch contra organizaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación está fracturando redes de complicidad y esquemas de financiamiento ilegal que involucran a figuras de relevancia dentro del movimiento oficialista.
El historial de Cole con respecto a México añade un matiz crítico a la relación bilateral. El actual jefe de la DEA fue una pieza clave en investigaciones pasadas de alto perfil, como la detención del general Salvador Cienfuegos en Los Ángeles, un proceso que concluyó abruptamente tras intensas presiones diplomáticas durante el sexenio anterior. En aquella época, tras la frustración por la inacción de su propio gobierno, Cole declaró de manera contundente sobre la situación en el país: “Los cárteles mexicanos trabajan mano a mano con funcionarios corruptos mexicanos en todos los niveles. Si el contribuyente promedio tuviera un conocimiento básico de cómo esos grupos trabajan coordinados, se enfermarían”.
Hoy en día, las condiciones geopolíticas han dado un giro radical bajo la nueva administración estadounidense, posicionando a García Harfuch como un interlocutor indispensable para la Casa Blanca. No obstante, este canal de comunicación privilegiado coloca al secretario en una encrucijada delicada, ya que las demandas de procesamiento judicial emitidas desde el norte apuntan precisamente hacia los mismos actores nacionales que buscan frenar su proyección política futura.


