El despertar juvenil frente al ocaso del Estado de bienestar
De manera similar a la gran ola de protestas que sacudió al planeta tras la crisis financiera internacional de 2008 —un fenómeno que transformó la representación política y pavimentó el camino para el auge del populismo con hitos como el Brexit y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016—, Europa atraviesa actualmente un nuevo ciclo de movilizaciones masivas donde la juventud desempeña un papel protagónico. Estas protestas evidencian el profundo desgaste del modelo de bienestar social, pues la llamada generación Z percibe que los recursos estatales actuales resultan insuficientes para garantizar las prestaciones de las que disfrutaron sus antepasados.
Los motivos detrás de estas expresiones de descontento varían en cada nación e incluyen la precariedad laboral, la crisis de acceso a la vivienda y la constante presión inflacionaria derivada del costo de los combustibles. Mientras que en Francia las demandas iniciales se centraron en obtener mayores presupuestos educativos, en Serbia destaca la innovadora iniciativa de la llamada lista electoral de estudiantes, la cual logró sacudir el poder establecido y abrió caminos inéditos para romper el monopolio de los partidos políticos tradicionales en esa nación.
La deriva autocrática y el dilema de la democracia global
Tras el ascenso de los populismos y su posterior transformación en regímenes de tintes autocráticos, las instituciones democráticas sufrieron un desgaste profundo operado desde sus propias reglas, ya que los líderes de estas corrientes accedieron al poder por la vía electoral. En el escenario histórico actual, las disputas entre los llamados populismos de izquierda y de derecha se limitan a encubrir intereses sectoriales sin posturas ideológicas verdaderamente estructuradas, utilizando narrativas que frecuentemente ocultan alianzas inconfesables con el gran capital o con redes de criminalidad organizada.
Este fenómeno de erosión democrática mediante vías legales —lejos de los golpes de Estado militares que marcaron América Latina en los años setenta o la España de los años treinta— encuentra sus antecedentes directos en el fascismo y el nazismo del siglo pasado. Hoy en día, los defensores de las instituciones libres enfrentan el desafío de estructurar una alternativa viable frente a los autoritarismos, superando la falsa dicotomía entre confrontar populismos de distinta índole o simplemente retornar a una democracia liberal agotada.
Los movimientos populistas contemporáneos se distinguen de las agrupaciones partidistas tradicionales al estructurarse en torno a líderes carismáticos cuyas narrativas otorgan identidad a la organización. Queda por ver si el activismo juvenil europeo actual logrará consolidarse de manera orgánica y trascender como un fenómeno permanente, obligando a los partidos políticos a reinventarse para garantizar su propia supervivencia.
El impacto del obradorato en la democracia mexicana
En el contexto latinoamericano, el régimen del obradorato encabezado por López Obrador ha propinado un golpe devastador al sistema democrático nacional. Caracterizado por una gestión gubernamental deficiente, altos índices de corrupción y evidentes vínculos con la criminalidad, este esquema de gobierno ha sumido al país en una crisis institucional de difícil salida a corto plazo. Aunque existen diversas luchas sociales aisladas, estas carecen de un vínculo unificador que las transforme en un movimiento político nacional articulado, mientras que la oposición partidista padece un profundo desprestigio y un distanciamiento de las bases ciudadanas.
La profunda crisis que atraviesa el Instituto Nacional Electoral refleja la sistemática destrucción de los equilibrios democráticos en México. La captura del aparato estatal, la desaparición de los organismos autónomos y los recientes escándalos de corrupción ligados a exfuncionarios del aparato electoral dañan severamente la credibilidad de los próximos comicios y de los representantes que de ellos emanen. Ante este panorama, los partidos de oposición deberían replantearse con seriedad si una estrategia genuina contra la autocracia implica abstenerse de participar en procesos electorales viciados y articular, junto con la ciudadanía, una gran movilización nacional que exija el fin del obradorato.


