Los inicios de la mandataria en el arte clásico
Mucho antes de asumir la primera magistratura del país y de que su trayectoria llamara la atención de líderes internacionales como el presidente estadounidense Donald Trump, Claudia Sheinbaum Pardo dedicó una parte fundamental de su infancia y juventud al estudio del ballet clásico. Su acercamiento a esta disciplina artística comenzó a una temprana edad, específicamente a los 6 años, bajo el impulso de su madre, la reconocida científica Annie Pardo.
Durante aproximadamente 12 a 13 años, la actual presidenta combinó sus estudios básicos con una exigente rutina de entrenamientos dancísticos. Su preparación se rigió bajo la estricta técnica inglesa, un método pedagógico reconocido por fomentar de manera gradual la coordinación motriz, la postura correcta y la disciplina física. En su etapa adolescente, mientras cursaba el bachillerato en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), ya gestionaba una apretada agenda que incluía clases de idioma francés, compromisos académicos y ensayos vespertinos que incluso la llevaron a pisar escenarios emblemáticos del país, como el Teatro Juárez en el estado de Guanajuato.
El dilema vocacional: la elección definitiva entre la danza y la ciencia
El punto de quiebre en su carrera artística llegó al concluir la educación media superior, cuando ingresó formalmente a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México para cursar la Licenciatura en Física. La incompatibilidad de horarios y la alta exigencia de tiempo que demandaban ambas pasiones obligaron a la entonces joven estudiante a tomar una determinación drástica sobre su futuro profesional.
En diversas ocasiones, la titular del Ejecutivo ha recordado públicamente aquel momento de transición. En una charla sostenida con la periodista Bibiana Belsasso, explicó con claridad la magnitud del compromiso que implicaba mantenerse en el medio dancístico: “El ballet son 3-4 horas diarias, pues ya no se podía tener las dos cosas, entonces posteriormente decidí dejar la danza”. Esta postura fue ratificada años más tarde durante una conferencia matutina, donde profundizó sobre el dilema al que se enfrentan los jóvenes al dar el salto a la educación superior: “De niña hice mucho tiempo ballet. Y luego, cuando entré a la Facultad, que ya había que escoger entre ser bailarina o ser física, pues decidí ser física”.
La transición hacia la alta competencia deportiva en la UNAM
Lejos de mantenerse inactiva tras abandonar las zapatillas de punta, Sheinbaum redirigió su energía hacia la actividad física competitiva dentro del ámbito universitario. Durante sus primeros semestres universitarios se integró formalmente al equipo de remo de la máxima casa de estudios, una disciplina sumamente demandante que practicó por un periodo de 2 años y que compaginó rigurosamente con sus exigentes horarios académicos en la Facultad de Ciencias.
Su rutina matutina durante esa etapa universitaria era sumamente estricta. “A las cinco de la mañana había que estar en Cuemanco; salíamos a las seis cuarenta y cinco para llegar a la clase de siete en la Facultad de Ciencias”, detalló al rememorar su paso por el equipo representativo. Su desempeño trascendió los entrenamientos locales, ya que compitió en la categoría de doble, fungió como timonel e incluso formó parte de delegaciones que asistieron a justas deportivas internacionales en territorio canadiense. Posteriormente, su espíritu atlético la llevó a integrarse también al conjunto de atletismo de la institución.
Décadas más tarde, en enero de 2019, durante su gestión como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, protagonizó un emotivo reencuentro con su pasado deportivo al acudir nuevamente a la pista de Cuemanco para recorrer un kilómetro a bordo de una embarcación junto a las atletas del equipo femenil de remo de la UNAM.
Consolidación académica y trayectoria profesional
Tras dejar atrás tanto el ballet como el deporte de alto rendimiento, la mandataria consolidó su perfil científico. En 1989 obtuvo el grado de licenciada en Física tras defender una tesis centrada en el análisis termodinámico de dispositivos de combustión de leña orientados a comunidades rurales mexicanas. Con el paso de los años, su inquietud intelectual la llevó a cursar estudios de maestría y doctorado especializados en el campo de la ingeniería energética, consolidándose posteriormente como investigadora titular en el Instituto de Ingeniería de la UNAM.


