Un freno pronunciado en la actividad productiva
El aparato productivo nacional se prepara para mostrar su desempeño más débil a lo largo del año durante el periodo comprendido entre julio y septiembre. Informes recientes elaborados por el departamento de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá señalan que el Producto Interno Bruto (PIB) habría experimentado un incremento de apenas 1,0% en términos anuales durante este trimestre.
Este escenario representa un retroceso considerable frente al comportamiento observado entre abril y junio, lapso en el cual la actividad económica avanzó un 3,5% en comparación con el mismo ciclo del año precedente, de acuerdo con los registros oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Asimismo, la estimación se ubica por debajo del pronóstico de 2,2% planteado originalmente por la junta técnica del Banco de la República en sus directrices de política monetaria.
Las alertas sobre este enfriamiento se encendieron tras la publicación del Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) correspondiente a agosto, mes en el que la actividad general descendió un 0,04% anual, marcando su primera contracción en año y medio. En la lectura desestacionalizada, la caída entre julio y agosto llegó al 3,1%, configurando el descenso mensual más pronunciado registrado desde la emergencia sanitaria global.
Si bien los expertos atribuyen parte de esta sacudida a las consecuencias del sismo ocurrido el pasado 10 de agosto, recalcan que la desaceleración responde a un fenómeno estructural mucho más extendido en múltiples frentes productivos.
Sectores en contracción y factores de presión
La desaceleración afectó de manera simultánea a numerosas ramas económicas. Sectores clave como la agricultura, la minería, la industria manufacturera, la construcción, las comunicaciones, las actividades financieras, el alojamiento y los servicios de comida reportaron variaciones negativas en su comparativa anual.
Al agrupar las actividades económicas, los segmentos primarios retrocedieron un 3,19% anual en el octavo mes del año, mientras que el bloque secundario, que comprende la industria y la edificación, se redujo un 3,03%. Por su parte, el sector terciario avanzó de forma moderada con un repunte de 1,10%, permitiendo que el acumulado entre enero y agosto se mantuviera en un 2,27%.
Detrás de este comportamiento restrictivo convergen diversas variables macroeconómicas. En primer lugar, la fuerte revaluación de la moneda local ha restado competitividad externa, afectando las exportaciones de servicios, mermando los flujos por concepto de remesas familiares y reduciendo la llegada de visitantes del exterior. En segundo lugar, las elevadas tasas de interés continúan asfixiando a la industria, al comercio y a la construcción, sectores altamente dependientes del financiamiento externo y el apalancamiento.
A lo anterior se suma un freno en la ejecución del presupuesto estatal. A partir de agosto, las medidas iniciales orientadas a sanear las cuentas públicas contuvieron la contratación oficial, restando el impulso que el gasto gubernamental venía aportando para sostener la dinámica comercial.
Perspectivas conservadoras y menor impulso futuro
El diagnóstico de debilidad es compartido por diversos centros de análisis financiero. El índice NowCast ajustó sus proyecciones trimestrales a la baja, pasando de un 2,6% a un 2,1% al cierre de septiembre, anticipando que áreas fundamentales finalizarían el ciclo en terreno negativo.
Por su parte, entidades como ANIF recalcaron el costo económico derivado de emergencias naturales recientes. Según declaraciones del presidente de la agremiación, José Ignacio López, las zonas impactadas concentran el 14,5% del PIB nacional y el 15% del empleo, lo que llevaría a cerrar el consolidado de 2026 con un crecimiento moderado del 2,4%.
En la misma línea, instituciones financieras prevén que este panorama conduzca a la autoridad monetaria a pausar cualquier incremento adicional en los tipos de interés durante lo que resta del ejercicio anual. Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional también han recalculado sus proyecciones para el país, situando el avance económico en un 2,2% para el año en curso y en un 2,3% para el siguiente periodo.
De confirmarse estas proyecciones, el tercer trimestre no solo se consolidará como el tramo más rezagado de 2026, sino que confirmará que la economía nacional ingresa a una etapa de menor dinamismo frente a las expectativas iniciales.


