A pesar de fallas técnicas y misiones prolongadas, la NASA renueva su confianza en la cápsula Starliner

El desarrollo espacial privado ha enfrentado múltiples desafíos técnicos a lo largo de los años, y el programa de la cápsula Starliner de Boeing no ha sido la excepción. Pese a una serie de tropiezos operativos en sus pruebas iniciales y misiones tripuladas, la agencia espacial estadounidense ha decidido mantener su respaldo financiero y operativo al proyecto, programando nuevos vuelos para los próximos años.

Un historial repleto de desafíos mecánicos

Las dificultades del vehículo espacial comenzaron formalmente en 2019, durante un ensayo sin tripulación destinado a la Estación Espacial Internacional (EEI). En aquella ocasión, un error en el temporizador interno alteró la trayectoria orbital, imposibilitando el acoplamiento. Aunque en 2022 logró alcanzar el laboratorio orbital, el trayecto estuvo marcado por la falla de dos propulsores.

La situación alcanzó un nivel crítico en 2024, cuando los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore abordaron la cápsula rumbo a la EEI. Durante el vuelo se registraron múltiples fugas de helio y el apagón de cinco de los 28 motores del sistema de control de reacción. Lo que se proyectaba como una misión corta de 10 días se transformó en una estancia de nueve meses en el espacio, mientras la nave retornaba vacía. Este suceso fue catalogado por la NASA como un incidente tipo A, la categoría máxima de gravedad en sus protocolos internos.

Análisis de fallas y soluciones técnicas

Tras una rigurosa investigación, los equipos de ingeniería identificaron que las fugas de helio se originaron por el desgaste de sellos en las válvulas al interactuar con el oxidante. Para solucionar este inconveniente, el fabricante sustituyó dichos componentes por materiales de mayor durabilidad. Por otro lado, la avería en los propulsores obedeció a la corrosión causada por residuos químicos que reaccionaron con el dióxido de carbono ambiental, motivando el establecimiento de nuevos protocolos de purga y aislamiento de combustible.

El camino hacia el relanzamiento en 2028

Como paso previo para reanudar los vuelos tripulados, Boeing llevará a cabo la misión Starliner-1, un ensayo sin tripulación planificado para los próximos meses. Posteriormente, el programa entrará en una fase de rediseño que incluirá la actualización de válvulas, la incorporación de baterías avanzadas y modificaciones en los sistemas de paracaídas.

La siguiente travesía con humanos, denominada Starliner-2, se encuentra calendarizada de manera tentativa para mediados de 2028. Hasta el momento, el único tripulante confirmado para esta expedición es el comandante Woody Hoburg.

La transición hacia un nuevo lanzador

En el aspecto logístico, las misiones comprendidas entre Starliner-1 y Starliner-4 utilizarán el cohete Atlas V de ULA. No obstante, ante el cese de fabricación de este lanzador, la cápsula deberá migrar hacia el cohete Vulcan Centaur a partir de Starliner-5, un vehículo que todavía debe completar su proceso de certificación para vuelos espaciales tripulados.

Adaptar la infraestructura y certificar esta nueva plataforma demandará una inversión estimada en 359 millones de dólares, financiada parcialmente por la NASA, lo que refleja el compromiso a largo plazo de la agencia con el desarrollo de sistemas alternativos de transporte orbital.

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