El día que el operativo Cisne Negro irrumpió en la cocina de Joaquín Guzmán
Cuando los disparos comenzaron a romper la tranquilidad de la madrugada en un domicilio ubicado en Los Mochis, Sinaloa, dos mujeres que se encontraban en el interior corrieron de inmediato hacia el baño para resguardarse. No eran sicarias ni operativas de alto rango dentro de la estructura criminal, sino Lilia y Celia, las empleadas domésticas que durante un largo periodo se habían convertido en las colaboradoras más cercanas del líder del Cártel de Sinaloa.
Su presencia en aquel inmueble no representaba ninguna sorpresa para los investigadores. Durante ocho años, ambas trabajadoras se dedicaron a mantener en orden los distintos refugios que habitaba Joaquín Guzmán Loera, además de preparar los alimentos cotidianos del capo tras su fuga del penal de máxima seguridad de El Altiplano. Su captura ocurrió precisamente en ese último bastión, durante la intervención militar que selló el destino del narcotraficante antes de su extradición a los Estados Unidos.
Orígenes humildes y la decisión de aceptar empleo en la sierra
Originarias de comunidades marginadas en la sierra de Durango, donde las alternativas de subsistencia son sumamente limitadas, Lilia y Celia enfrentaban panoramas económicos muy adversos. Familiares de las mujeres señalaron ante medios informativos que la falta de recursos convertía el día a día en un reto constante.
“Ella se quedó sola con su hijo y era muy difícil sacarlo adelante. Había veces que teníamos para comer y otras en las que no”, reveló Mary Sánchez, hermana de Celia, al recordar las precarias condiciones en las que vivían.
Ambas eran madres solteras; Celia tenía un hijo bajo su cuidado y Lilia sostenía a cuatro menores. Por esta razón, cuando recibieron la propuesta laboral vinculada al narcotraficante, decidieron aceptarla para mejorar su calidad de vida, a pesar de los riesgos evidentes que implicaba rodearse de figuras buscadas por la justicia internacional. Con el paso del tiempo, su discreción y su desempeño culinario les permitieron consolidarse en el círculo cercano del capo.
Platillos norteños y estrictas dinámicas en la cocina
Más allá de las tareas de limpieza y el lavado de ropa, la sazón de ambas mujeres se ganó el gusto del líder criminal. Lejos de los excesos que a menudo se asocian con capos de su jerarquía, las preferencias alimenticias de Guzmán Loera se inclinaban hacia la gastronomía típica del norte mexicano.
“Platillos sencillos como lo que es de aquí, machaca con huevo, desayunos, frijoles y tortillas”, explicó Juliana, hija de Lilia, al detallar el menú cotidiano que elaboraban las cocineras.
El nivel de confianza que alcanzaron era tal que incluso evaluaban las habilidades culinarias de otras personas allegadas al narcotraficante. Testimonios de personajes vinculados al entorno del capo recuerdan que, en una ocasión, Lilia sometió a prueba a Lucero Sánchez —ex pareja de Guzmán Loera— antes de permitirle colaborar en la preparación de las tortillas para el grupo.
Tras una demostración en la que amasó una considerable cantidad de masa bajo la supervisión de las empleadas, la visitante obtuvo el visto bueno para integrarse a las labores domésticas de aquel refugio improvisado.
La captura y el proceso legal tras el operativo
El operativo ejecutado por las Fuerzas Especiales de la Secretaría de Marina en 2016 culminó no solo con la recaptura del objetivo prioritario, sino también con la detención de las dos cocineras. Las autoridades las presentaron ante las instancias judiciales bajo cargos formales relacionados con delincuencia organizada y portación de arma de fuego.
Los familiares de las mujeres rechazaron categóricamente los señalamientos, argumentando que su única labor consistía en realizar tareas del hogar y que su permanencia en el lugar obedecía estrictamente a una relación laboral de carácter doméstico y no a una participación criminal activa.
A pesar de los argumentos presentados por la defensa legal, las mujeres fueron ingresadas a un penal de máxima seguridad. Hasta el momento en que sus casos volvieron a la luz pública años atrás, la situación jurídica de ambas continuaba bajo escrutinio, marcando el fin de una etapa en la que la vida cotidiana en la sierra y los fogones clandestinos convergieron con el liderazgo de una de las organizaciones criminales más poderosas del país.


