Un santuario gastronómico suspendido en el paisaje urbano
En medio del bullicio de la Ciudad de México y un entorno dominado por planchas de concreto, un jardín elevado ofrece una pausa visual y sensorial donde es posible contemplar los volcanes mientras se degusta una bebida tradicional. Se trata de Altanera, un establecimiento situado en la colonia Roma Norte que combina la naturaleza con una propuesta culinaria reconfortante.
Los elementos esenciales de la gastronomía nacional, como el chile, el maíz y el frijol, fungen como los cimientos de este proyecto. Tras una etapa inicial impulsada por la chef Lula Martín del Campo, el restaurante transita por un periodo renovado bajo la guía del chef Gerardo Vázquez Lugo, cuyo propósito principal consiste en enaltecer los sabores cotidianos.
Dentro del menú figuran opciones como el chambarete en salsa de chile morita o un pescado zarandeado, acompañados invariablemente por frijoles negros recién cocidos y tortillas elaboradas a mano en el comal.
Tras 9 meses al frente del proyecto, Vázquez Lugo busca que cada preparación evoque la familiaridad de la cocina casera. Más allá de apostar por complejidades técnicas, su objetivo es llevar los platillos del día a día a su punto óptimo para brindar una experiencia sumamente cálida a los comensales.
“Tu comida favorita es la que puedes comer todos los días. Eso es lo que puedes comer todas las semanas, no te aburre porque es algo que nos significa”, explicó Vázquez Lugo a El Financiero.
Arquitectura natural y vistas panorámicas de 360 grados
El establecimiento consolidó su propuesta inicial hace 3 años bajo la visión de la chef Lula Martín del Campo, quien buscó elevar los sabores tradicionales hacia un concepto vinculado con la altura y la presencia de una perspectiva femenina sólida.
El interiorismo destaca por la integración masiva de vegetación. Macetas de barro, fibras naturales y mobiliario de madera conviven con plantas y flores que rodean el perímetro, generando la atmósfera de una terraza residencial ajena al ritmo acelerado de la metrópoli.
La dinámica del lugar se transforma conforme transcurre la jornada. Mientras que las horas diurnas se caracterizan por una iluminación natural intensa, la caída del sol otorga tonalidades ocres al espacio. En jornadas despejadas, la ubicación permite divisar las siluetas del volcán Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.
Guisos caseros y sabores tradicionales al frente del comal
Actualmente, el 80 por ciento de la carta incluye las aportaciones de Gerardo Vázquez Lugo, quien impregnó una inclinación marcada hacia los guisos tradicionales, mientras que el porcentaje restante preserva creaciones de la etapa inaugural.
“Yo soy un poquito más caserón, más del guiso, el salseo, la salsita. Yo soy muy de frijolito de la olla y tomate. Recuperamos el comal, ya el comal funciona todos los días y siempre pido mi tortilla recién hecha cuando llego”, detalló el chef durante la celebración del tercer aniversario.
Entre las alternativas sobresale el chambarete en chile morita, elaborado con base de tomate verde y papas, ideal para disfrutarse en formato de taco con guarnición de frijoles. Asimismo, el arroz al horno destaca por su elaboración minuciosa para lograr una textura cremosa coronada con queso gouda gratinado.
Para los entusiastas de los productos del mar, la carta dispone de preparaciones como el caldo de camarón, pescado a la veracruzana y el pescado zarandeado con adobo de chile guajillo, mayonesa y hojas de pápalo. Tampoco faltan opciones populares como las quesabirrias con su respectivo consomé ni el característico pastel de horchata cubierto de obleas coloridas.
Herencia culinaria y trayectoria de Gerardo Vázquez Lugo
La cercanía del chef con las recetas tradicionales proviene de sus raíces familiares. Como hijo de María Elena Lugo Zermeño y Raymundo Vázquez, fundadores del emblemático restaurante Nicos en 1957, creció rodeado de cazuelas, chiles en nogada y frijoles de la olla.
Aunque cursó estudios de arquitectura, se integró de lleno a Nicos en 1996 para consolidar un enfoque basado en ingredientes estacionales y técnicas ancestrales. Su labor ha recibido múltiples distinciones, incluido el reconocimiento internacional obtenido en 2018 junto a su madre por parte de Latin America’s 50 Best Restaurants.
Estimación de costos para comer en las alturas
Para disfrutar de la experiencia en la colonia Roma Norte, los comensales pueden encontrar entradas y platos ligeros como la gaonera de filete de res o el guacamole con chicharrón en un rango de 250 pesos, mientras que opciones como el arroz al horno se ubican en 190 pesos.
Los platos principales para compartir, tales como el rib eye, la costilla para taquear o el pescado zarandeado, oscilan entre los mil 400 y los mil 500 pesos. En promedio, una comida completa por persona puede rondar entre los 700 y los 900 pesos, variando según la selección de bebidas y coctelería.
Ubicación y referencias operativas
El restaurante Altanera opera en los pisos 8 y 9 del edificio situado en Colima 161, colonia Roma Norte, dentro de la alcaldía Cuauhtémoc, a corta distancia de la estación de Metro Insurgentes. El servicio de alimentos inicia diariamente a partir de las 13:00 horas, con disponibilidad de reservaciones a través de sus canales digitales oficiales.


