La economía de los hogares en Colombia atraviesa un momento complejo marcado por la persistencia de costosas tarifas en el mercado inmobiliario habitacional y una notable pérdida de dinamismo en el sector comercial del país.
Durante el mes de agosto, los cánones correspondientes a las casas registraron un incremento del 9,1% en su variación interanual, mientras que las unidades de apartamentos experimentaron un alza del 6,6%, de acuerdo con los registros analizados por Cristian Rincón, economista de Davivienda Corredores. Por otro lado, las transacciones comerciales minoristas mostraron un repunte del 5,3% durante julio, posicionándose como el incremento más débil de los últimos veinticuatro meses según cifras de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá.
Presión alcista en el mercado de vivienda y oficinas
El comportamiento de los alquileres residenciales muestra variaciones según el tipo de construcción. Para el caso de las casas, el repunte del 9,1% superó con creces el promedio acumulado a lo largo de los últimos doce meses, el cual se ubicó en el 7,0%. A pesar de que esta cifra se situó por debajo del pico del 7,4% reportado en mayo, la tendencia alcista continúa presionando los presupuestos familiares.
En el segmento de los apartamentos, el ajuste anual del 6,6% superó el registro del cierre del año anterior, fijado en 5,8%, y rebasó el promedio anual reciente del 6,0%. Estas métricas forman parte del índice especializado elaborado de manera conjunta por El Libertador y la Dirección de Estudios Económicos de Davivienda, el cual evalúa propiedades de estratos altos en diez metrópolis nacionales.
A nivel geográfico, la ciudad de Armenia lideró las alzas más significativas tanto en casas como en apartamentos, con variaciones del 14,5% y 14,3% respectivamente. En contraste, los espacios comerciales e industriales también sufrieron modificaciones, destacando un incremento del 6,9% para oficinas, 5,7% en locales comerciales y un 6,6% en bodegas a nivel nacional.
Desaceleración del comercio y factores estructurales
La desaceleración de la actividad comercial minorista ha encendido las alarmas de los analistas financieros. Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, indicó que este comportamiento representó «el más bajo en casi dos años», coincidiendo parcialmente con la recta final de la cita orbital de fútbol en el año.
De acuerdo con el diagnóstico sectorial, de un total de diecinueve categorías comerciales evaluadas, ocho redujeron su ritmo de expansión y cinco experimentaron contracciones directas. Entre los rubros más golpeados destacan las prendas de vestir y el calzado, además de la comercialización de combustibles, un fenómeno vinculado a la transición hacia tecnologías de movilidad híbrida y eléctrica.
Pérez señaló que la desaceleración responde a factores de carácter estructural, entre los que sobresalen «una menor creación de empleo en las principales ciudades, el aumento de las tasas de interés, la apreciación del peso, la expectativa de un ajuste fiscal, la dilución de eventos que impulsaron el consumo y el agotamiento del ciclo de bienes durables».
El impacto del sismo en la dinámica económica
A este panorama macroeconómico se sumaron los efectos adversos provocados por el movimiento telúrico registrado el pasado 10 de agosto. Según estimaciones de Fenalco, la emergencia natural ocasionó una caída cercana al 45% en la facturación de diversos establecimientos mercantiles situados en centros comerciales de las regiones de Valle del Cauca y Risaralda.
El indicador global de ventas del gremio mercantil se desplomó hasta situarse en un moderado +2%, el registro más reducido del último bienio. No obstante, las múltiples campañas solidarias y de ayuda humanitaria propiciaron un repunte temporal en la demanda de artículos de primera necesidad, productos de aseo y elementos de abrigo para los damnificados.
Al respecto, Pérez señaló que «el deterioro del comercio no fue aún más pronunciado gracias al impulso generado por las campañas de ayuda humanitaria». Pese a este atenuante, las agremiaciones estiman que las consecuencias del desastre continuarán repercutiendo negativamente en los sectores productivos, inmobiliarios y turísticos durante el periodo comprendido entre septiembre y noviembre.


