Investigadores usan la supercomputadora MareNostrum 5 para modelar un terremoto devastador en tierras mexicanas

El avance tecnológico aplicado a la prevención de desastres dio un paso sin precedentes cuando la infraestructura de alta tecnología europea se sincronizó con instituciones académicas mexicanas para ensayar un escenario de catástrofe. Específicamente, el 19 de septiembre de 2025, la potente herramienta de cálculo conocida como MareNostrum 5, perteneciente al Barcelona Supercomputing Center (BSC), unió fuerzas con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), adscrito al Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la misión fundamental de recrear un sismo de magnitud 8.1 para calcular la severidad del movimiento telúrico casi al instante y optimizar las labores de auxilio humanitario y protección civil.

Los antecedentes históricos y el desarrollo de la prueba

Este ejercicio técnico se diseñó imitando las condiciones del histórico temblor ocurrido en 1985, el cual tuvo una magnitud idéntica y cuyo epicentro se localizó en aguas del océano Pacífico, en las inmediaciones del municipio costero de Lázaro Cárdenas, en el estado de Michoacán. Aquella tragedia dejó una profunda huella debido al colapso de edificaciones, una cifra que superó las 10,000 víctimas fatales, miles de lesionados y pérdidas económicas calculadas en más de 4,000 millones de dólares.

Durante la ejecución del experimento, los científicos aprovecharon los recursos computacionales de última generación. En este sentido, Arturo Iglesias, jefe del Servicio Sismológico Nacional, detalló la magnitud técnica de la hazaña al declarar que por primera vez se corrieron en paralelo varias simulaciones en tiempo real de sismogramas sintéticos. Señaló que esto es algo imposible de procesar por ninguna otra computadora convencional.

Para materializar esta simulación, los especialistas obtuvieron acceso preferente a 55 nodos GPU de la plataforma europea. Mediante estos recursos, estructuraron una malla geológica que abarcaba 700 por 400 kilómetros de extensión y 150 kilómetros de profundidad, logrando un nivel de detalle milimétrico con una resolución espacial de únicamente 2 kilómetros, lo que representa el ejercicio predictivo más ambicioso realizado hasta la fecha sobre la sismicidad del territorio nacional.

Metodología científica y alcance operativo

La dirección de este proyecto tecnológico estuvo a cargo de Marisol Monterrubio Velasco, una destacada investigadora mexicana que forma parte del equipo del BSC. La especialista aclaró que la simulación no dependió de los registros de un evento telúrico ocurrido en el pasado, sino que se edificó a partir de estrictos modelos físicos, parámetros de escala, cálculos estadísticos y la topografía específica del subsuelo en diferentes regiones del país.

Gracias a estos algoritmos, la supercomputadora logró trazar de manera automatizada mapas con los niveles de intensidad esperados en más de 17,000 estaciones virtuales distribuidas estratégicamente a lo largo de la geografía mexicana, contemplando de manera prioritaria al Valle de México y su densa zona urbana.

El ensayo completo requirió de dos horas continuas de procesamiento, lapso en el cual los expertos monitorearon minuciosamente cómo se desplazaban las ondas de energía por el subsuelo. El software especializado fue configurado con la instrucción de activarse de manera automática frente a cualquier movimiento telúrico que rebase la magnitud 6, con la promesa de entregar reportes precisos sobre los sitios más golpeados en cuestión de minutos.

El futuro de la gestión de emergencias

Desde la perspectiva de las entidades involucradas, esta clase de ensayos representa la fase inicial hacia el despliegue de una herramienta operativa real. El propósito definitivo es que, ante una contingencia verdadera, el sistema sea capaz de trazar proyecciones de daños materiales casi de inmediato, lo que podría ayudar a decidir a dónde enviar ayuda primero a los equipos de emergencia y salvamento. Pese al éxito del ejercicio, los expertos reconocen que todavía existen retos técnicos por afinar antes de integrar este tipo de tecnología en los protocolos cotidianos de protección civil.

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