La recuperación de estructuras plumosas fosilizadas representa un acontecimiento excepcional dentro de la investigación paleontológica, fundamental para descifrar las rutas evolutivas del vuelo en diversas ramas de dinosaurios. Recientemente, el análisis de restos plumosos conservados en el interior de un excremento milenario ha abierto una vía inédita para resolver uno de los enigmas más complejos de la historia natural.
Un estudio académico difundido en las páginas de la publicación científica Current Biology aporta perspectivas determinantes sobre los mecanismos que permitieron a los ancestros directos de la avifauna contemporánea resistir el cataclismo planetario ocurrido hace 66 millones de años. Dicho evento catastrófico, desencadenado por el impacto de un asteroide, provocó la desaparición definitiva de una vasta multiplicidad de formas de vida, incluyendo a los dinosaurios no avianos y a gran parte de las aves primitivas.
Un festín prehistórico preservado en el tiempo
Los registros del Museo Field de Chicago señalan que el espécimen responsable de dejar esta peculiar muestra fecal pudo pertenecer a un gran terópodo depredador, como un Tyrannosaurus rex o un pariente cercano de menor envergadura. La estructura plumosa englobada en la materia fecal fosilizada, denominada científicamente coprolito, constituye uno de los vestigios orgánicos más singulares recuperados hasta la fecha correspondientes al período cretácico.
El hallazgo tuvo lugar durante el año 2016 en los depósitos de la formación geológica Hell Creek, emplazada en las proximidades de la localidad estadounidense de Jordan, en Montana. Gracias al empleo de técnicas avanzadas como la microtomografía computarizada y rigurosos exámenes mineralógicos, el equipo científico logró identificar que la muestra no solo albergaba plumas, sino también fragmentos óseos procedentes de extremidades y escamas de peces.
Estos indicios físicos permitieron deducir que la última presa consumida correspondía a un hesperornitiforme, un tipo de ave adaptada primordialmente a la vida acuática y a la natación carente, en la gran mayoría de los casos, de la capacidad de volar. Dicho linaje mantiene lazos de parentesco evolutivo con los Neornithes, la categoría biológica que agrupa a todas las especies de aves que habitan el planeta en la actualidad, lo que convierte a este rastro en una pista primordial para entender la resiliencia del grupo.
Las incógnitas detrás de la persistencia aviar
Hasta el momento, la teoría con mayor respaldo académico sostenía que la supervivencia de los linajes modernos se debió fundamentalmente a su vinculación con ecosistemas acuáticos. Sin embargo, dado que los hesperornitiformes también compartían este tipo de hábitat y aun así se encaminaron hacia la extinción total, los especialistas deducen la existencia de variables adicionales que marcaron la diferencia entre la persistencia y el colapso biológico.
Al respecto, la investigadora principal del proyecto, Jingmai O’Connor, afirmó que el tipo de plumas que tenían estas aves, o la forma en que mudaban esas plumas, pueden haber sido una de las causas subyacentes de la selectividad de la extinción masiva del final del Cretácico; en esencia, por qué algunas aves se extinguieron y otras sobrevivieron.
Paralelamente, diversas investigaciones previas han sugerido que la continuidad de la avifauna actual pudo verse favorecida por un conjunto diversificado de factores biológicos, entre los que destacan el tamaño corporal reducido, patrones específicos de alimentación y mecanismos eficientes de regulación térmica frente a los drásticos cambios atmosféricos posteriores al impacto.


