El impacto del crudo y la renta fija en los mercados globales
Los principales índices bursátiles estadounidenses cerraron la sesión con pérdidas generalizadas, arrastrados por una notable escalada en los precios de los energéticos y un marcado incremento en los rendimientos de la deuda soberana. Esta dinámica se vio acentuada por recientes indicadores de precios que fortalecieron las proyecciones de un nuevo endurecimiento monetario por parte de la Reserva Federal.
El índice bursátil S&P 500 acumuló su cuarta sesión consecutiva de números rojos. El apetito por el riesgo sufrió un deterioro significativo luego de que el crudo Brent rebasara la barrera de los US$107 por barril, impulsado por la preocupación ante posibles interrupciones en el suministro derivadas de las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos e Irán.
Presión histórica en el mercado de bonos del Tesoro
El mercado de deuda no libró la tormenta financiera. El rendimiento de los títulos gubernamentales a dos años experimentó un salto de 13 puntos básicos, ubicándose por encima del 4,5% por primera vez desde 2024. Paralelamente, la tasa correspondiente a los bonos a 30 años trepó a su cota más elevada desde el año 2007.
Por su parte, el retorno de los papeles a 10 años avanzó 10 puntos básicos hasta situarse en 4,94%. En el ámbito de derivados, operaciones financieras por aproximadamente US$14 millones apostaron a que dicho indicador tocará el umbral del 5% previo al 20 de noviembre, según registros del sector.
Ante este panorama, los inversionistas ajustaron sus expectativas e incrementaron a cerca de 70% la probabilidad de que la autoridad monetaria estadounidense ordene un ajuste al alza en las tasas durante su próxima reunión, incorporando además de manera total un incremento adicional de cara al cierre del año.
Factores geopolíticos y energéticos detrás de la volatilidad
El comportamiento alcista del petróleo ha reconfigurado las proyecciones macroeconómicas globales. El Brent acumula una valorización superior al 70% en lo que va del año, presionado por los roces en Medio Oriente y la menor producción reportada por Arabia Saudita, cuyo bombeo cayó a su menor registro desde 1990.
Analistas del sector energético advierten que los mercados están recalculando tanto la intensidad como la permanencia de estos riesgos geopolíticos. “El crudo cotiza en sus niveles más altos desde mayo mientras el mercado reajusta tanto la escalada como, cada vez más, la duración del riesgo geopolítico”, declaró Rebecca Babin, operadora sénior de energía de CIBC Private Wealth Group.
En la misma línea, las declaraciones de especialistas financieros reflejan cautela sobre el futuro corporativo. “La preocupación más amplia para las acciones no es tanto los niveles actuales de tasas, que el mercado ha absorbido hasta ahora, sino el riesgo de que las estimaciones de utilidades sigan siendo demasiado optimistas en relación con un mundo de costos energéticos estructuralmente más altos, condiciones financieras más restrictivas y una demanda global en desaceleración”, expresó Felipe Barragán, analista de Pepperstone.
Por otro lado, Krishna Guha, representante de Evercore, mantuvo una postura más prudente al señalar: “Todavía no creemos que un alza esté ni cerca de ser un hecho”. No obstante, admitió que el banco central estadounidense podría encontrarse con un margen cada vez más reducido para absorber nuevos choques de oferta sin comprometer la estabilidad inflacionaria.
Comportamiento de divisas y otros activos financieros
En el plano cambiario, el dólar registró una recuperación frente a las principales monedas del mundo, reaccionando ante las perspectivas inflacionarias y los movimientos en los diferenciales de tasas. En América Latina, las monedas experimentaron un comportamiento heterogéneo, con avances en países como Brasil, Colombia y Argentina, mientras que las divisas de Chile, México y Perú mostraron retrocesos.
En cuanto a las criptomonedas, el bitcoin profundizó su corrección a la baja por cuarto día consecutivo, cediendo hasta cotizar en las inmediaciones de los US$76.663, alejándose de la marca de los US$80.000 debido a la menor tolerancia al riesgo. En contraste, el oro se mantuvo estable cerca de los US$4.400 por onza, resistiendo en un entorno de rendimientos elevados de la deuda pública y a la espera de los datos oficiales sobre el índice de precios al consumidor que definirán los siguientes pasos de la política monetaria internacional.


