Estrategias de inversión ante la Fed: la apuesta de Santander por la tecnología y la deuda de América Latina

Estrategias de inversión ante la Fed: la apuesta de Santander por la tecnología y la deuda de América Latina

El panorama financiero global experimenta un nuevo periodo de reconfiguración debido a las perspectivas en torno a la Reserva Federal de Estados Unidos. Ante la posibilidad de que la política monetaria mantenga los tipos de interés elevados durante un periodo prolongado, las principales bancas privadas han comenzado a ajustar sus carteras para proteger el capital y capturar rentabilidad. En este escenario, Santander Private Banking ha optado por una estrategia que combina valores de alta calidad con instrumentos de crédito corporativo y bonos regionales.

Las turbulencias en los mercados comenzaron a acentuarse al finalizar el octavo mes del año. Si bien las primeras señales de enfriamiento en el mercado laboral estadounidense habían insuflado optimismo en los activos de riesgo, el persistente foco del banco central norteamericano en el control de la inflación devolvió la presión sobre las tasas de interés y reactivó la volatilidad general.

A pesar de este contexto desafiante, la entidad financiera ha decidido mantener una postura constructiva sin alterar sustancialmente su hoja de ruta para el noveno mes del año. En el ámbito bursátil, la recomendación se centra en economías desarrolladas y compañías con balances financieros sólidos, mientras que en el mercado de renta fija se prioriza el crédito corporativo, los títulos de alto rendimiento o High Yield y los bonos emitidos en América Latina.

Desde la institución financiera señalan que “los actuales niveles de rendimiento siguen ofreciendo oportunidades atractivas para capturar ingresos, sin necesidad de asumir una exposición excesiva a duración”, una directriz clave para sortear la incertidumbre de los tipos de interés.

Acciones internacionales: foco en la innovación y mercados desarrollados

La renta variable continúa ocupando un espacio estratégico en la asignación de activos de Santander Private Banking. El peso de Estados Unidos dentro de las carteras varía según el perfil de riesgo de cada inversor, representando el 9,8% en los portafolios conservadores, el 21% en los moderados y trepando hasta el 42% en los perfiles más agresivos.

Los analistas identifican fortalezas estructurales de gran calado en la economía norteamericana, impulsadas principalmente por el crecimiento de las utilidades corporativas, la constante innovación y el desarrollo de la inteligencia artificial. No obstante, las valorizaciones actuales y la alta sensibilidad de estos activos a las decisiones monetarias exigen una extrema selectividad.

Por esta razón, la estrategia prioriza aquellas empresas que demuestran ventajas competitivas claras, una sólida generación de caja y capacidad para sostener la expansión de sus beneficios a mediano plazo. En el plano internacional, los mercados desarrollados conservan el favor de la entidad por encima de otras regiones.

Mientras que el mercado estadounidense cotiza con un múltiplo precio-beneficio de 19,6 veces, situándose en el percentil 55% de su media histórica de la última década, Europa emerge como una alternativa idónea para la diversificación. Por su parte, Japón mantiene su atractivo gracias a las reformas orientadas a mejorar el gobierno corporativo y la creación de valor para los accionistas.

En cuanto a las economías emergentes, la postura es mucho más prudente. La ralentización económica de China obliga a extremar las precauciones, al tiempo que América Latina destaca por sus sólidos fundamentos macroeconómicos y su dependencia estratégica de las materias primas, manteniendo la entidad un sesgo positivo hacia Brasil dentro del bloque regional.

Renta fija y deuda latinoamericana frente al dilema de las tasas

El mercado de renta fija ha recuperado un papel protagónico gracias a los atractivos rendimientos que ofrecen las tasas actuales. Para Santander, estos niveles permiten asegurar una rentabilidad interesante y otorgan estabilidad a las carteras de inversión, aunque la persistencia de las presiones inflacionarias demanda una gestión muy rigurosa de los plazos de vencimiento y de la calidad crediticia de los emisores.

Dentro de la oferta internacional, el crédito corporativo, la deuda latinoamericana y los segmentos de bonos de alto rendimiento de óptima calidad siguen liderando las preferencias. Los sólidos fundamentos empresariales y la robusta generación de liquidez respaldan tasas de morosidad contenidas, si bien los diferenciales de rendimiento ajustados obligan a elegir con lupa cada instrumento.

La institución recalca que “el crédito corporativo y las estrategias de duración intermedia continúan ofreciendo una combinación favorable entre generación de ingresos, resiliencia y flexibilidad frente a una trayectoria de tasas que permanece incierta”.

Asimismo, los bonos con grado de inversión o Investment Grade conservan su función defensiva de diversificación y estabilidad. Aunque las mayores tasas incrementan su atractivo, los expertos aconsejan mantener una férrea disciplina con el riesgo de crédito y evitar comprometer el capital en vencimientos demasiado lejanos.

La cautela es especialmente evidente en la deuda soberana a largo plazo de los países desarrollados. La volatilidad en estos tramos de las curvas se mantiene elevada debido a las dudas sobre la política monetaria, los riesgos inflacionarios y la situación fiscal de las grandes potencias, lo que inclina la balanza hacia plazos intermedios.

El mercado chileno: selectividad bursátil y bonos a mediano plazo

A nivel local, Santander mantiene una perspectiva favorable respecto al mercado accionario chileno, aunque advierte que el comportamiento acumulado del índice IPSA exige mayor selectividad en la elección de papeles. El indicador cotiza con un múltiplo P/E forward a 12 meses de 12,2 veces, muy cerca de su promedio histórico decenal de 12,4 veces, lo que ubica a la plaza bursátil en torno al percentil 46%.

Bajo este escenario, las futuras ganancias dependerán estrictamente de los resultados empresariales, la eficiencia en la generación de efectivo y el pulso de la actividad económica interna, descartando una expansión generalizada de los múltiplos de valoración. En el terreno de la renta fija chilena, el banco mantiene una asignación equilibrada entre instrumentos denominados en pesos y aquellos indexados a la Unidad de Fomento (UF).

Para la colocación en bonos locales, la recomendación apunta a preferir plazos de vencimiento que oscilan entre los tres y cinco años, respaldados por emisores de máxima solvencia. Para la entidad, “este tramo continúa ofreciendo una combinación atractiva entre rentabilidad y estabilidad”.

En definitiva, los próximos datos macroeconómicos sobre inflación y actividad, sumados a las determinaciones de política monetaria tanto en Estados Unidos como en Chile, dictarán el rumbo de los mercados financieros en los próximos meses. La gestión cuidadosa de la duración, el rigor en la calidad crediticia y el seguimiento estrecho de los beneficios empresariales se perfilan como los pilares fundamentales para navegar el tramo final del año.

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