El presidente Donald Trump quiere que Nuevo México cambie de nombre a Nueva América, pero, ¿por qué ese estado tiene ese nombre y cómo se mantuvo por más de 170 años?
Nuevo México es un territorio que fue parte del imperio español y de México, tras su independencia en 1821. El nombre lo puso España, que luego de explorar la región y encontrar tierras que consideraron tan valiosas como las de Tenochtitlán, decidieron llamarlo así, según datos recopilados por National Geographic.
Cuando México perdió la guerra contra Estados Unidos en 1848 y se entregó el 55 por ciento del territorio con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, Nuevo México quedó en manos estadounidenses.
Sin embargo, fue un territorio despreciado durante años y al que intentaron cambiarle el nombre en varias ocasiones.
El Museo de Arte de Nuevo México explicó que la adquisición del territorio traía nuevos ‘extranjeros’ y problemas con ellos, por lo que hubo portavoces que sugirieron que anexar el territorio fue un “mal negocio”.
Incluso hubo quienes dijeron que Estados Unidos debía obligar a México a recuperar el territorio, debido a su clima árido y las personas con tradiciones de pueblos originarios.
Las comunidades intentaron durante décadas que se oficializara como estado, lo que también provocó problemas de educación y derechos sobre tierras y agua bajo un régimen militar, y fue hasta 1912 que lo reconocieron como estado.
Las veces que intentaron cambiar el nombre de Nuevo México
Tras otorgarle el estatus territorial en 1850, el Congreso de Estados Unidos describía el territorio como Nuevo México y años después intentó cambiarle el nombre con el objetivo de romper cualquier vínculo entre la gente y México, de acuerdo con la Universidad de Nuevo México.
Las primeras propuestas fueron Jefferson y Lincoln, pero solo el primer presidente de EU, Washington, fue honrado en EU con un nombre como estado.
Otras dos propuestas fueron tomadas de los pueblos originarios: Montezuma, rechazada por el Congreso, y Acoma, que fue rechazada por personas influyentes de la Cámara de Representantes, entre ellos Bernard S. Rodey, delegado del territorio.
Finalmente, al haber sido un territorio ocupado por España, se consideraron nombres como Salado y Cordillera, pero no tuvieron apoyo serio en el Congreso.
En 1906 incluso se barajó que formara parte de un estado conjunto con lo que hoy es Arizona, luego de que el Congreso aprobara una ley del presidente Theodore Roosevelt para unir ambas entidades en 1906.
Durante cuatro años se intentó unificar a ambos estados; sin embargo, los neomexicanos rechazaron la designación, sumado a que Arizona rechazó la propuesta.
La falta de apoyos para nuevos nombres y la negativa por unificar la entidad con Arizona hizo que el nombre quedara como Nuevo México, estado que se niega a cambiar de nombre pese a los intentos de Donald Trump, tras el cambio del lago de Ontario al lago de América.


