De un diagnóstico de muerte inevitable a las aulas de medicina: la batalla de Blue Demon Jr. contra el cáncer

El día en que un especialista le sugirió ordenar sus documentos personales

La historia deportiva y personal de Blue Demon Jr. guarda episodios de una dureza extrema, muy alejados de las luces del cuadrilátero. A mediados de la década de los años 90, cuando el gladiador transitaba entre los 30 y 31 años de edad, su vida dio un vuelco drástico al recibir la noticia de que padecía un linfoma en etapa 4. En aquel periodo inicial, los signos de alerta se manifestaron mediante alta temperatura, tos y comezón, molestias que los profesionales de la salud iniciales atribuyeron erróneamente a un simple cuadro infeccioso común, limitándose a recetar antibióticos convencionales.

Transcurrieron dos años de incertidumbre clínica hasta que un especialista decidió profundizar en el caso y le ordenó una tomografía computarizada. El resultado confirmó los temores más profundos: la enfermedad se había propagado mediante metástasis. “Un doctor me dijo: ‘¿No te has hecho una tomografía?’. Le dije: ‘No’. Me hago la tomografía y me dice el doctor: ‘Tienes cáncer. Tienes tumores en las linfas —parte del plasma sanguíneo— y tenemos que darte quimioterapia, lo único malo es que estás en etapa 4’”, recordó el luchador.

El panorama era tan desolador que un médico le aconsejó dejar sus asuntos en orden ante el inminente final. “Tenía poco más de 30 años, me detectaron un linfoma avanzado y un médico me sugirió arreglar mis papeles porque estaba cerca el final”, expresó. Pese al desconcierto y la fase inicial de negación, el deportista decidió dar la pelea. La motivación principal para no bajar los brazos provino de su núcleo más cercano, especialmente del deber de proteger a los suyos en momentos de máxima vulnerabilidad: “En un momento dado, ya no sabía qué hacer, pero tuve que hacer algo porque tenía en ese momento la responsabilidad de mi hijo y de la familia, que eran mis papás, yo (era) su soporte y tuve que salir adelante”.

El tratamiento experimental y las secuelas físicas

Tras recibir atención médica institucional donde un primer protocolo terapéutico no arrojó los resultados esperados, se le abrió una ventana de oportunidad a través de la investigación científica. Ingresó a un programa clínico donde le administraron un fármaco experimental que cambió por completo el pronóstico de su salud.

“Me empiezan a poner un medicamento que estaba en estudio en ese momento y funciona. Entonces, revierten de cierta forma lo que tenía, me extirpan los tumores y, después de ocho años, llegó la remisión médica”, detalló sobre el proceso que le devolvió la vida. No obstante, la victoria contra el padecimiento cobró un precio elevado en su integridad física. Como secuela de los procedimientos médicos, perdió el 75 por ciento de la audición en el oído derecho y su velocidad al hablar se vio afectada: “hablo pausado porque si hablo muy rápido, tartamudeo; con todo y secuelas, aquí estoy”.

Años más tarde, ante la partida física de su padre adoptivo, la legendaria figura de la lucha libre nacional ocurrida en el año 2000, el enmascarado volvió a demostrar una fortaleza inquebrantable moldeada por sus vivencias previas: “Cuando mi padre murió en mis brazos, no hubo lágrimas. Me vi obligado a ser fuerte”, declaró.

Nuevos horizontes: medicina regenerativa y una inminente despedida de los encordados

Habiendo superado la prueba más compleja de su existencia, consolidado una trayectoria histórica en el pancracio y acumulado estudios previos en sistemas computacionales y aviación, el luchador canalizó su vocación hacia el cuidado de la salud humana. Con 60 años de edad y próximo a obtener su título profesional, enfocó su preparación académica en la medicina regenerativa.

“Por mis lesiones, me metí a estudiar medicina. Mi gira de retiro durará hasta agosto del próximo año. Después quiero poner salud en mis compañeros porque sé lo que es estar lastimado. También abrirá una escuela de lucha libre”, puntualizó sobre sus metas a corto y mediano plazo, cerrando un ciclo de resiliencia que inspira tanto dentro como fuera de la disciplina deportiva.

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