Un diálogo plural sobre el futuro económico del país
Recientemente, la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, junto con el Centro de Investigación y Docencia Económicas, El Colegio de México, el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, convocaron al Foro para el Crecimiento Sostenible y Equitativo. En este encuentro, que reunió a un centenar de especialistas en economía, se estableció una dinámica tan desafiante como fructífera: sintetizar una propuesta concreta en un espacio máximo de una cuartilla para responder a los cuestionamientos sobre cómo estimular el crecimiento económico desde el Gobierno Federal y el Congreso.
Este espacio de intercambio académico contó con la coordinación de un comité integrado por Ana Aguilar, Gabriela Dutrénit, Gerardo Esquivel, Fausto Hernández, Juan Carlos Moreno-Brid, Mariana Rangel, Lorena Rodríguez y Héctor Villarreal. Su labor permitió consolidar un entorno indispensable en México, donde la ortodoxia y la heterodoxia dialogan sin descalificaciones en torno a intereses compartidos.
Durante las mesas de trabajo centradas en el fortalecimiento del espacio fiscal y la inversión pública, la restricción de espacio obligó a replantear las prioridades. Ante la tentación recurrente de sugerir programas expansivos masivos, impulsos contracíclicos basados en un mayor déficit o paquetes complejos de estímulos, la reflexión principal apuntó hacia una dirección distinta: antes de diseñar nuevas estructuras, resulta imperativo reconocer el valor de lo que ya se encuentra construido.
La transformación silenciosa de los ingresos públicos
Las cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda reflejan una metamorfosis profunda en las finanzas del sector público presupuestario. Mientras que en 2012 los ingresos petroleros representaban el 8.8% del Producto Interno Bruto, para 2025 dicha proporción se redujo al 2.7%. En contraste directo, la recaudación tributaria avanzó desde el 8.0% hasta alcanzar el 15.2% del PIB durante el mismo periodo. Esta reconfiguración demuestra que la fortaleza financiera actual descansa primordialmente en el mercado interno.
Dicho cambio estructural no surgió de manera fortuita, sino como resultado de la reforma hacendaria de 2014. Su mayor validación radica en su capacidad de supervivencia a lo largo de tres administraciones con visiones políticas contrastantes. La primera la promulgó, la segunda la profundizó mediante la fiscalización y la digitalización, y la actual incorporó ajustes adicionales en el Paquete Económico, elevando las cuotas a bebidas saborizadas a 3.08 pesos por litro, el impuesto especial a productos del tabaco hasta un 200% y las gرس de apuestas al 50%.
Resiliencia institucional frente a choques externos
El verdadero mérito de esta transformación no es meramente recaudatorio, sino de naturaleza institucional. Entre 2014 y 2022, el marco de responsabilidad hacendaria resistió con éxito una serie de choques severos, que incluyeron la caída drástica en los precios y la plataforma de producción del crudo, la crisis sanitaria mundial y los ciclos restrictivos de tasas de interés. Aunque se registraron desviaciones en materia de déficit y deuda, estas ocurrieron dentro de los mecanismos previstos por el propio diseño normativo.
Esta solidez técnica es evaluada con rigor por los mercados financieros. No obstante, las señales de alerta recientes han encendido focos rojos, tal como ocurrió el pasado 20 de mayo, cuando la agencia calificadora Moody’s redujo la calificación soberana a Baa3, argumentando un debilitamiento en la solidez fiscal, rigidez en el gasto y el flujo continuo de apoyos financieros hacia Petróleos Mexicanos.
El desequilibrio entre la política tributaria y la energética
El trasfondo de la estrategia implementada en 2014 contemplaba un enfoque dual. No se trató únicamente de una modificación tributaria, sino de una reforma energética acompañada de la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos y el Fondo Mexicano del Petróleo, diseñada para transformar a Pemex de un aportador cautivo del erario a un contribuyente regulado. El plan original preveía que los impuestos sustituyeran de forma gradual los ingresos petroleros, al tiempo que el sector se abría a la competencia.
En la actualidad, la mitad tributaria de aquel proyecto sobrevive, mientras que la vertiente energética sufrió modificaciones sustanciales. Prueba de ello es que el Paquete Económico contempla un soporte financiero de 263.5 mil millones de pesos para la empresa productiva del estado, evidenciando que el eslabón debilitado proviene de la parte que fue desmantelada y no de la que se reformó.
Retos pendientes en el federalismo y el mercado de deuda
Entre las limitaciones atribuibles a la arquitectura de 2014 destaca el abordaje tímido del federalismo hacendario. Si bien la Ley de Disciplina Financiera de 2016 introdujo topes al endeudamiento y sistemas de alerta para estados y municipios, no logró ampliar de manera efectiva las capacidades de recaudación a nivel local.
A pesar de estos pendientes, la economía mexicana consolidó un activo fundamental que rara vez se pondera adecuadamente: un mercado local de deuda desarrollado, con financiamiento en moneda propia, a plazos largos y con una sólida base doméstica. Esta condición resulta indispensable para debatir cualquier estrategia fiscal nueva sin reincidir en vulnerabilidades históricas. El desafío actual consiste en preservar los cimientos institucionales que han garantizado la estabilidad durante más de una década, corrigiendo los flancos vulnerables antes de proyectar nuevas edificaciones económicas.


