Morgan Stanley advierte que los inversores subestiman la volatilidad financiera ligada a las urnas brasileñas

El panorama electoral y la falta de confianza fiscal

A pocas semanas de los comicios generales programados para el 4 de octubre, la entidad financiera internacional Morgan Stanley ha emitido una advertencia sobre la percepción de los inversores. Según los analistas del banco, la plaza financiera global está ignorando los peligros latentes que el proceso democrático brasileño representa para los activos financieros locales.

La contienda electoral enfrenta de manera muy reñida al actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flavio Bolsonaro. Para la institución financiera, el comportamiento de los mercados tras la jornada electoral no dependerá únicamente de quién resulte victorioso, sino de la viabilidad técnica y política del programa económico que presente el nuevo equipo de gobierno para encauzar el endeudamiento público.

Mientras el consenso generalizado confía en que los contrapesos institucionales del país y su reciente resistencia económica permitirán capear un ajuste en las cuentas públicas sin mayores sobresaltos, la postura del banco estadounidense es más cauta. Argumentan que el entorno macroeconómico previsto para 2027 estará marcado por un menor dinamismo económico, presiones inflacionarias persistentes y tipos de interés restrictivos, lo que dejará un margen de maniobra sumamente estrecho.

“Nuestra principal discrepancia con el mercado se concentra en el escenario bajista”, sostienen los economistas Ana Madeira y Thiago Machado, al alertar que una hoja de ruta presupuestaria carente de credibilidad podría desatar una reacción adversa inmediata en las cotizaciones antes incluso de que las leyes comiencen a aplicarse.

Presupuestos rígidos y la urgencia de reformas estructurales

El margen de acción para la próxima administración es estrecho. Actualmente, más del 91% del gasto federal está catalogado como obligatorio, al tiempo que la recaudación fiscal se ha incrementado en 1,5% del PIB desde 2022. Ante las constantes excepciones aplicadas a los límites de gasto, el ancla fiscal ha perdido efectividad, agotando las alternativas de equilibrar las cuentas mediante un mayor incremento de los tributos.

Lejos de pronosticar una crisis inminente de pagos, los expertos apuntan a la dificultad progresiva para estabilizar el endeudamiento estatal. “El ajuste fiscal en sí puede ser gradual, siempre que los inversionistas crean que el punto final es creíble”, detallan Madeira y Machado, subrayando que la confianza institucional depende de modificaciones profundas que aligeren el peso de las obligaciones estatales.

Las propuestas de los principales candidatos difieren notablemente. El modelo impulsado por Lula prioriza la continuidad del actual esquema presupuestario, la defensa de los programas sociales y un rol preponderante del Estado. En contraste, la plataforma de Flavio Bolsonaro aboga por directrices fiscales de carácter restrictivo, recortes drásticos del pasivo, privatizaciones, una reforma administrativa profunda y una apertura comercial más amplia.

Pese a las intenciones de los candidatos, el factor determinante no radicará exclusivamente en el Palacio de Planalto. La conformación definitiva del Congreso bicameral, la postura de los gobernadores regionales y las futuras alianzas partidarias definirán el alcance real de las reformas. Para Morgan Stanley, el veredicto del mercado se basará en la viabilidad política de las medidas propuestas.

Divergencias profundas en las proyecciones económicas

Bajo la perspectiva de un plan de consolidación económica débil y poco creíble, las proyecciones se tornan adversas. El informe advierte que una menor expansión económica contraería los ingresos tributarios, mientras que el incremento en las primas de riesgo elevaría los costos de financiación, limitando la capacidad de acción del Banco Central de Brasil frente al enfriamiento de la actividad productiva.

“Un crecimiento más débil en 2027 deja menos margen para salir adelante a duras penas, haciendo que la dinámica de la deuda sea más frágil y que la credibilidad fiscal sea más urgente”, recalcan los analistas. Esta visión contrasta con la lectura optimista predominante en el sector financiero.

Las simulaciones numéricas reflejan la distancia entre los distintos panoramas. Para 2027, la entidad prevé un crecimiento moderado del 0,2% y una tasa Selic situada en el 15,5% bajo el supuesto más desfavorable, frente al escenario optimista que contempla un incremento del 1,5% y una tasa de interés del 9,75%.

A largo plazo, las divergencias se acentúan de forma drástica. La deuda bruta solo logra una trayectoria sostenible en el supuesto favorable, estabilizándose en torno al 86% del PIB hacia 2028. En el escenario base continúa al alza, mientras que en la proyección pesimista rebasa la barrera del 100% del PIB en 2033 hasta alcanzar un preocupante 106% en 2035.

El éxito de la opción más favorable está condicionado a la aprobación de un paquete integral que modifique los mecanismos de indexación y frene el incremento desmedido de los desembolsos obligatorios. “Un gradualismo creíble puede impulsar una revalorización más rápida mediante menores primas de riesgo, un real más fuerte, más flexibilización del BCB y una mejora de la dinámica de la deuda”, afirman desde el banco.

Comportamiento de la moneda y los títulos públicos

El real brasileño suele ser el termómetro principal de la incertidumbre política local; sin embargo, en esta ocasión cuenta con un factor atenuante. Los elevados niveles de rentabilidad nominal ofrecen un soporte superior a la divisa en comparación con procesos electorales pasados, desplazando gran parte de los efectos correctivos hacia los rendimientos de la deuda interna.

Las estimaciones de tipo de cambio varían considerablemente. El banco sitúa la paridad cambiaria en 6,00 unidades por dólar en el peor panorama, con tasas de interés a término (DI) para enero de 2029 en el 16,50% y papeles soberanos a tasa fija (NTN-F) con vencimiento en 2037 rindiendo un 18%. En contraste, en el supuesto optimista, la moneda se fortalecería hasta los 4,50 reales por dólar, con rendimientos cayendo al 11% y 12% respectivamente.

El escenario central, configurado de manera equilibrada entre ambas posturas, ubica el tipo de cambio en 5,25 unidades, las tasas a término en el 13,75% y los bonos a largo plazo en el 15%, con un sesgo de riesgo inclinado ligeramente hacia las perspectivas negativas.

En el segmento de renta fija, los expertos estiman que los inversores penalizarán con mayor velocidad cualquier señal de deterioro fiscal antes de premiar los aciertos de una gestión reformista. Un eventual retorno del país al grado de inversión tampoco se materializará de forma inmediata, visualizándose a 2028 como el primer hito posible y a 2029 como un horizonte temporal más realista.

La atención de los inversores tras los comicios se centrará en la solidez institucional del nuevo marco presupuestario. Como concluye la firma estadounidense, “la ejecución fiscal será gradual, pero la revalorización de los precios de los activos no tiene por qué serlo”.

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