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5 de agosto de 2022 “Su silencio retumba”: crecen las críticas al papa Francisco por su inacción ante el asedio a la Iglesia en Nicaragua

Los numerosos disparos y el humo de los gases lacrimógenos de la policía reavivaron el fantasma de la represión de las masivas protestas de 2018 en Nicaragua. El lunes, a las puertas de la capilla Niño Jesús de Praga, ubicada en la ciudad de Sébaco, en Matagalpa, decenas de seguidores se aglomeraron ante el pedido de auxilio del sacerdote Uriel Vallejos.

“Estamos siendo asediados”, advierte una persona en la escena, registrada en un video difundido en la cuenta de Facebook oficial de la diócesis. “No les importó que hubiera jóvenes y niños. Ninguno de los hermanos lleva armas ni nada por el estilo. Aún así, [los efectivos policiales] han lanzado disparos al aire y gases lacrimógenos”

Los agentes policiales y paraestatales del gobierno de Daniel Ortega irrumpieron armados en el templo con el objetivo de incautar los equipos de radiotransmisión de la Iglesia. Los testigos aseguraron que destruyeron paredes, techos, y obligaron al párroco Vallejos a buscar refugio, apresaron a decenas de jóvenes y reprimieron brutalmente a los presentes. El asedio a la capilla es parte de la escalada represiva de la dictadura sandinista contra la Iglesia Católica, una campaña cada vez más violenta que ha movilizado a la comunidad internacional. Pero, en esta cuestión, resulta cada vez más llamativo el silencio de una figura clave: el papa Francisco.

“La magnitud y gravedad de la crisis de derechos humanos en Nicaragua exige un pronunciamiento inequívoco por parte de cualquier persona comprometida con los derechos humanos. El papa Francisco es de las pocas personas que podrían entablar un diálogo con el régimen de Ortega”, argumentó en conversación con LA NACION Tamara Taraciuk Broner, subdirectora para las Américas de Human Rights Watch (HRW).

Su silencio, incluso en medio de una arremetida feroz contra la Iglesia en Nicaragua, envía un pésimo mensaje. En un país católico como Nicaragua, una condena de Francisco a las atrocidades del régimen no solo sería un golpe para Ortega. Sería también, incluso más importante, un reconocimiento a la lucha del pueblo nicaragüense por la democracia y la justicia y un respaldo al reclamo unánime de las víctimas y sus familias para la liberación de los presos políticos del régimen”, agregó Taraciuk Broner.

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