¿Quien se estresa más por el dinero y las finanzas personales? Hombre ó Mujeres

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Los hombres y mujeres reaccionan de manera diferente al estrés financiero, pues las preocupaciones de cada varían según su concepto de prioridad.

Cuando se trata de falta de dinero o un bajo presupuesto en el bolsillo, el estrés es la más común de las reacciones, pues nos preocupan cosas como los pagos, cómo sobrevivir a la quincena entre otras cosas más.

Pero lo cierto es que los hombres y mujeres reaccionan de manera diferente al estrés financiero, pues las preocupaciones de cada varían según su concepto de prioridad, forma de administración de gastos y problemas generados por las deudas.

La principal diferencia se relaciona a la manera en la que cada quien aborda la toma de decisiones, según expertos en la materia. Las circunstancias de alto estrés tienden a aumentar el atractivo de las decisiones arriesgadas en los hombres. En contraste, para las mujeres, el estrés elevado en realidad resulta en una disminución del apetito por decisiones arriesgadas. A veces, la decisión arriesgada es la correcta, pero sólo en circunstancias en las que los riesgos se han considerado cuidadosamente y las recompensas son lo suficientemente grandes como para justificar los inconvenientes asociados con el fracaso.

De acuerdo a expertos, los hombres y las mujeres tienen diferentes respuestas a las preocupaciones económicas, tanto a nivel emocional como a nivel físico. De manera fascinante, en condiciones estresantes, los hombres prefieren las decisiones arriesgadas más de lo habitual. El hombre se vuelve más activo, asertivo y extremo. Mientras, que en tiempos de escasez la mujer se vuelve más cautelosa y previsora.

Estas reacciones, sin duda, tienen sus orígenes en la evolución de nuestros cerebros. En tiempos prehistóricos, durante las situaciones de escasez, los hombres debían explorar más lejos de su zona segura. Tal vez tenían que llenarse de coraje arriesgarse a combatir animales o tribus hostiles para alimentar a sus familias. En contraste, las mujeres debían cuidar a niños y ancianos, protegerlos y hacer rendir las reservas de alimentos.

Esta respuesta contrastante a la escasez, es la base de las diferentes formas de manejar el estrés financiero entre hombres y mujeres modernos.

Mucho se ha hablado del estrés de las mujeres en la pandemia. Más allá de las enfermedades y fallecimientos, las pérdidas económicas y el aislamiento, las mujeres han tenido que combinar el “home office” con el cuidado y educación de los hijos. “De esto se escribe y se habla muchísimo,” comenta Vala Burton, directora de Customer Experience en Tala“. Sin embargo, los hombres también están siendo afectados y de formas que pueden ser más fuertes y potencialmente peligrosas para su salud. “

Los roles estereotipos masculinos definen que los hombres deben contar con cualidades de liderazgo, seguridad y, aún en estos tiempos, consideran que deben ser los proveedores económicos y jefes de la familia. Pero si las expectativas no se cumplen generan frustraciones y se vuelven en sí mismos estresantes. Los hombres muestran en general una alta correlación entre el nivel de estrés financiero y las repercusiones en la salud física, tales como agotamiento, trastornos del sueño y presión arterial. Aunque los efectos más evidentes son los psicológicos como tensión, irritabilidad, ansiedad, desarrollo de adicciones y problemas en las relaciones familiares.

Frecuentemente, el estrés proviene de situaciones de flujo de corto plazo, según Burtón.  El estrés financiero para muchos hombres, se deriva de emergencias o brechas en el flujo del ingreso familiar que ponen su orgullo a prueba.

“Un conductor de taxi que no puede trabajar durante 2 o 3 días por una falla mecánica, siente enorme estrés al ver sus ingresos interrumpidos durante los días que no trabaja. O bien, un comerciante que debe pagar mercancía, pero tardará un par de semanas en recuperar su inversión y sus ganancias”. Estas situaciones tienen efectos a corto plazo. Pero si el hombre toma decisiones arriesgadas o drásticas como rematar o empeñar bienes o pedir préstamos de largo plazo que solo generan más escasez y estrés en el largo plazo», expone.

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